ENTRE ESPOSOS

—¡Cuánto te adoro, Tomás!
¡Eres mi dicha, mi encanto!
¡Te amo tanto, pero tanto...
Que no puedo amarte más!
La dulzura de tu beso
Quiero aspirar, delirante...
—Bien no sigas adelante...
¿Te bastan doscientos pesos?


DE RODILLAS

Discurren los que me ven
Mirarte con tanto afán
Que mis labios no podrán
Expresar mis ansias bien.
Yo no siento que se den
Semejante explicación;
Pues de su equivocación
A mansalva considero
Descubrir el paradero
De mi pobre corazón.

No sé si me lo han robado
Pero sé que lo he perdido,
Y que ha de estar escondido
En algún sitio sagrado;
Pues, si mi pecho ha dejado,
Digo que no pudo ser
Tan sólo por el placer
De olvidarme y libertarse,
¡Sino para refugiarse
En un pecho de mujer!

Él no tuvo otra pasión
Que la pasión de lo bueno,
Porque nació sin veneno
Mi prófugo corazón;
Y si dejó la mansión
De mis entrañas, arguyo
Que ha sido el ánimo suyo
Ampararse en un altar,
Y juro que no ha de estar
En más pecho que en el tuyo.

Yo no lo quiero sacar
De un asilo semejante
Porque sé que en el instante
Cesará de palpitar;
Allí lo debo dejar
Para que esté satisfecho
Y puesto que tú te has hecho
La santa de su elección,
Que siga en adoración
Arrodillado en tu pecho.