Yo te ciño por coraza
de tu amable inexperiencia,
su criterio, su prudencia,
su dialéctica fugaz:
Y te labro cinto y peplo
de matrona, de patricia,
con su afán de la justicia
con su fresca voluntad...

Y así noble, y así pura,
y así sabia, y así fuerte,
y así dueña de tu suerte
cual un ínclito varón:
Yo el errante, yo el postrero,
yo el sin patria, yo el sin nido,
te presento a tu marido...
¡Tu marido y tu señor!...