Y de ya descaecida

La vida no se conforta;

Y de estar tan decaida,

Ni se acuerda, ni se olvida,

Ni el bien ni el mal la deporta.

Dav. ¡Oh cómo nos ha quitado Evandro de la duda en que estamos! ¡Oh cómo ha dicho maravillas, y por tan sotil estilo que la sentencia de tan sublimados versos trasciende á todo entendimiento humano!

Evand. ¡Jesus! ¡Jesus! Y cómo vienes, Pinardo, ¿qué, en hábito de mujer tiendes seguir este viaje?

Pin. Mira qué quieres que diga ó haga, que desta manera entiendo engañar la grosa, porque ella me tendrá por moza desas que andan picando los cantones, y no se recelará, y yo dalle he con la mayor, por tanto no es tiempo que me detenga; mira ques lo que me mandas.

Evand. Que des esta carta á Serafina, y me traigas respuesta si me cumple vivir ó si mi espíritu abaxe á visitar las infernales furias.

Pin. Pues yo me voy, y ruega á Dios por salud, que lo demas yo te lo daré hecho de cera, ó mal me andarán las manos.