Risd. Yo; que os juro, por vida de mi amiga, que os sirviera mejor que Roldan, y en ello no perderíades cosa.
Cec. ¿Sabeis que pienso, señor Risdeño? que estais burlando de mí.
Risd. ¿Burlar ó qué? Burlado me vea á las cañas, aunque fuese almorzando con un par de perdices, si tal hago, sino que os aconsejo lo que os cumple que dexeis á Carduel, que es rapaz y pelado, por mí, que aunque no soy muy grande de cuerpo, en fin, soy hombre bienquisto donde quiera, y más que tengo un pariente del padrastro de la suegra de mi abuela en Indias, que fué agora treinta años allá y nunca dél han sabido, que no puede dexar de venir presto con mucho dinero para todos nosotros; pues mira que mal librarás tú desto, señora Cecilia.
Cec. Agora quédese para otro dia, señor, que haya más tiempo, porque me llama mi señora, y dime si quieres hacer esto que digo.
Risd. Por haceros placer, aunque sea contra mi mesmo, hasta la muerte lo cumpliré.
Cec. Pues Dios os pague, señor Risdeño.
Risd. Él quede con vos, mi señora.
Isab. ¡Cecilia, Cecilia!
Cec. Señora.
Isab. Entorna tras tí esa puerta, y si mis padres aquí por ventura vinieren, házmelo saber; á los demas védales la entrada.