[11] Si quando el hombre piensa no tuviese otro motivo para alcanzar la verdad que el que le sugieren sus conocimientos, con solo cuidar de que estos fuesen exâctos y no confusos, adelantaria lo que permite la condicion humana en el exámen de ella; mas como junto con los actos del entendimiento andan inseparables los afectos del ánimo, estos turban, confunden, y aceleran las percepciones mentales, y, lo que es peor, corrompen de mil maneras al juicio, por donde son ocasion de muchísimos errores. Para evitar pues, los excesos que en esta parte cometemos los hombres en la averiguacion de la verdad, conviene mostrar como los afectos del ánimo concurren con el entendimiento, y alteran el buen orden de sus operaciones: asunto que se toma de la Moral para hacerlo servir á la Lógica.

[12] Al punto que en los órganos de los sentidos se hace la impresion del objeto, y la sensacion, se siente el ánimo agitado de dolor, ó deleyte. Por dolor se entiende aquí qualquiera molestia, de modo, que la agitacion del ánimo va junta con gusto, complacencia, y satisfaccion, que los Filósofos llaman Deleyte: ó con molestia, disgusto, pena, displicencia, que llaman Dolor. Por poca reflexîon que haga qualquiera con lo que le sucede quando percibe los objetos sensibles, verá que no hay ninguno que no le mueva el ánimo con uno de los nombrados afectos: bien que á veces es tan poca la agitacion que excitan, que nos parece no hallarnos alterados y á esta situacion llamamos Indiferencia. Luego que se pinta en la fantasía la imagen del objeto, y el entendimiento le percibe claramente, se excitan en el ánimo los afectos de fuga, ó prosecucion; es decir, se ve incitado á abrazarle, ó rechazarle. Esto se funda en que los sentidos se nos han dado para nuestra conservacion: el dolor es indicio de cosa que nos destruye, y el deleyte de cosa que nos conserva; con que somos naturalmente llevados por nuestro propio bien ácia el deleyte, y huimos siempre de qualquiera dolor. Sabiendo por la Filosofía Moral las pasiones que se excitan para la fuga del mal, como el temor, cobardía, odio, envidia, ira, enojo, &c. y las que se mueven por el bien, como el amor, alegria, deseo, complacencia, &c. qualquiera conocerá á la presencia de los objetos sensibles la pasion, ó pasiones de que se halla agitado, segun los contempla buenos, ó malos, dignos de prosecucion, ó de fuga. Este conocimiento es de tanta importancia, que sin él no es posible gobernar bien el juicio; porque así como no puede sentenciar bien el Juez apasionado, tampoco puede juzgar con acierto el entendimiento que se gobierna por una pasion: siendo de notar, que es tanta la influencia de estos afectos del ánimo, que las mas veces trastornan la razon, porque sigue el hombre mas los ímpetus de ellos que lo que le dicta el buen juicio. Quando el ingenio combina las imágenes, y nociones simples, se andan tambien combinando las pasiones que las acompañan; y son tantas y tan varias las que se mezclan, que por su influxo se ven tan diversas y extravagantes maneras de obrar en los que no estudian en conocerlas y moderarlas. Si alguno tiene la desgracia de no saber pensar, y junto con esto se halla agitado de fuertes pasiones, entonces se ofusca de todo punto la racionalidad. El amor propio, que es la fuente de todos los afectos del ánimo, se mezcla siempre en todas nuestras deliberaciones, y es causa de errores gravísimos, que descubrirémos con especificacion mas adelante. Raro es el hombre en quien no domine una pasion con preferencia á las otras. Este dominio hace que sus pensamientos, su juicio y su razon se sujeten facilmente al afecto que prevalece, de lo qual nacen grandes y enormes defectos, así en el entender como en el obrar. A esta pasion arraigada y dominante llaman Genio, Natural, y conviene que cada qual conozca el suyo para enmendarle. Unos son incitados al juego, otros al dinero, y así de muchas maneras nos arrastra el Genio y Natural á varias cosas, que insensiblemente nos corrompen. Felíz aquel que por su genio se ve incitado á la virtud. La buena educacion, la Lógica, el estudio de las Artes y Ciencias, los loables exemplos, el cuidado de pensar y juzgar bien, son los medios mas á propósito para dirigirse con acierto y enderezar el Genio. Hasta aquí hemos dicho los afectos del ánimo, que necesariamente se excitan á la vista de los objetos que se proponen al entendimiento: resta ahora manifestar, que con las operaciones del juicio anda junta la libertad, que es la alhaja mas preciosa que el Cielo ha concedido á los hombres. Es así, que conocidas las cosas por la razon, puede el hombre determinarse á quererlas ó desecharlas, y á ir en busca ó en fuga de ellas. Esta potencia libre se llama en Griego [Griego: thaelaema]: en Latin voluntas: en Castellano voluntad. Dícese potencia ciega, porque nunca obra sin preceder la luz del entendimiento, por donde es verdadero el principio de las Escuelas: nihil volitum quin praecognitum: es decir, nada puede querer la voluntad sin que la ilumine el conocimiento. Si el juicio es recto, y el hombre le sigue en el determinarse á buscar los objetos, ó á desecharlos, entonces hace buen uso de su libertad; si no le sigue es al contrario: y si el juicio no está bien formado, yerra la voluntad por yerro del entendimiento, que es lo que regularmente suele suceder. Con que dos cosas debe hacer el que quiere acertar: la una dirigir bien los actos mentales, rectificar el juicio, perficionar la razon: la otra sujetar su voluntad, no á lo que sugiere el amor propio y las pasiones, sino al dictamen de la razon bien ordenada. Esto basta para el uso de la Lógica: los que quieran instruirse mas, lo podrán hacer con la Filosofía Moral.

CAPITULO V.

Del uso de las Potencias mentales.

[13] Tres cosas me propongo manifestar en este capítulo: la primera, cómo percibimos los objetos corporeos: la segunda, cómo conocemos los espirituales: la tercera, cómo se ha de conocer el predominio de cada potencia. El alma, durante la vida, está tan estrechamente unida al cuerpo, que no puede sin él exercitar sus propias y naturales potencias. No entienden bien la constitucion del hombre los que atribuyen al alma operaciones intelectuales totalmente independientes del cuerpo, pues no pudiendo jamas pensar, discurrir, ni juzgar, sino con dependencia de las imágenes de la fantasía, que mira como objetos inmediatos de sus conceptos, es preciso que obre siempre con dependencia del cuerpo que ha de concurrir con los sentidos á la produccion de tales representaciones. Lo que sucede es, que el cuerpo está dispuesto con orden maravilloso para estos fines, á los quales principalmente concurren los órganos de los sentidos y los nervios. El objeto corporeo, arrimado al órgano del sentido, hace impresion en él y en sus nervios, por los quales se comunica hasta la cabeza, donde está el origen de ellos. Así que es preciso que el celebro concurra con su ayuda al exercicio de las operaciones de los sentidos, no porque en él se hagan las sensaciones, sino por las leyes de la necesaria conexîon con que en el cuerpo humano unas partes se socorren de otras, y todas juntas se encaminan á mantener el prodigioso enlace, y á cumplir los fines que les ha prescrito con inefable sabiduría el Hacedor de todas las cosas. En la primera edicion de esta obrita seguia yo otras máxîmas en esto; mas habiéndolo escrito con mas conocimiento en mis Instituciones Médicas, allí se podrá esto ver con mas extension[a]. Concurriendo, pues, todo lo dicho, á la presencia del objeto sensible se sigue la sensacion, y despues la imagen, ó representacion del mismo en la fantasía. El alma percibe distintamente los objetos por la sensacion, y por la imagen que forma de ellos en la imaginativa los alcanza con toda claridad. Así como la sensacion se hace donde quiera que estan los órganos de los sentidos, la especie, imagen, y forma de la imaginativa se exercita siempre en el celebro, á quien por los nervios se comunica la impresion que los objetos sensibles hacen en ellos. Si estan sanos los órganos de los sentidos y bien aplicados á las cosas, la imaginativa bien constituida, y el juicio que acompaña á estas operaciones es recto, se logra una certidumbre entera, como se ve en la seguridad que en esto tiene, sin excepcion, todo el género humano, que se satisface y gobierna por lo que ve, oye, palpa, &c. sin poner nadie replica á estos testimonios quando son exâctos. El conocimiento de la cosa que resulta de la debida aplicacion de los sentidos es el que llamamos experiencia, fuente fecundísima de la mayor parte de las verdades que alcanzan los hombres. Los errores que se cometen en esto, y se quieren dorar con el especioso título de la experiencia, se explicarán mas adelante. Ya hemos visto que el entendimiento por el uso de sus potencias hace reflexîon, sobre sus propios actos. Las imágenes que se forman de estos en la fantasía no son perfectas, ni sensibles, sino formadas por semejanza, tal vez muy remota, de las que exîsten en esta potencia. Con esto se ve que los actos del entendimiento no son materiales, ni corporeos, porque no tienen la solidez y fuerza que hay en la materia y en los cuerpos para impresionar nuestros sentidos. Tampoco tienen extension para ocupar lugar, pues en un solo pensamiento se incluye todo el universo. No son impenetrables, porque en una misma proposicion el predicado está incluido claramente en el sugeto, y en los sylogismos el consiguiente está íntimamente contenido en las premisas. Separan las cosas que en sí son juntas, y unen las que estan separadas, cosa que en la materia no puede suceder. El conocimiento que tiene el hombre del infinito, donde se reduce á un acto indivisible todo lo que exîste y puede exîstir, muestra que quanta es la extension de las cosas está reducida á un concepto mental distinto de todas ellas. A la vista de estas y otras muchas reflexîones, que subministran la Animástica y Metafísica, se entiende, que hay en nosotros un principio producidor de estos actos, el qual es de muy distinto ser y naturaleza que la materia; porque así como conocemos las cosas materiales y corporeas que hay en nosotros por las afecciones perpetuamente inseparables de ellas, como la extension, impenetrabilidad, solidez, &c. que dexan impresion en nuestros sentidos y imágenes en la fantasía, del mismo modo alcanzamos que hay en nuestra constitucion otro principio ageno de las referidas afecciones, con facultad de producir otras muy diversas, no solo en su ser, sino en sus propiedades, de modo que para separar estos principios constitutivos del hombre, así como al que es extenso, sólido é impenetrable le llamamos cuerpo, porque goza de las propiedades inseparables de las cosas corporeas, al otro le llamamos espíritu, porque por el general consentimiento de los Filósofos se da este nombre al ser inmaterial, que no participa ni puede participar de lo corporeo, antes tiene distinta naturaleza y opuestas afecciones á las de la materia. Este es el modo natural primitivo como el hombre, reflexîonando sobre sí mismo, conoce las cosas espirituales, conociendo su propia alma: de aquí pasa al conocimiento de Dios, como espíritu perfectísimo. Dentro de sí mismo tiene el hombre el concepto del infinito, de lo eterno, de lo inmenso, no por los sentidos, sino por la reflexîon. Conoce claramente que su ser es limitado y muy ageno de ser partícipe de aquellos objetos. Estas consideraciones le llevan á entender, que estas cosas se hallan en otro Ser, que es eterno, infinito, é inmenso, y que no le puede engañar esta percepcion mental, pues no descansa mas el entendimiento con la percepcion de las cosas sensibles, quedando satisfecho de su exîstencia quando se le presentan, que lo queda el juicio y la razon de las reflexîones propuestas, las quales halla conexâs con los primeros principios que tiene en sí para juzgar rectamente de las cosas, y son nacidas de la fuerza innata que tiene el entendimiento para producirlas. Añádese que por la facultad natural de juzgar alcanza el hombre, que es causa de una cosa aquello que á su presencia hace exîstir otra. Conoce con mucha claridad, que no exîste por sí mismo, y por consiguiente su ser depende de otro. Este conocimiento le extiende á las demas cosas hasta llegar, como término donde descansa, á un Ser de infinita potencia, de donde dimanan todos los demas seres. Con estas reflexîones entiende, que este Ser inmenso, omnipotente, y eterno es infinitamente sabio: que piensa con infinita perfeccion sin poder errar: que tiene conocimiento de todo infinitamente superior al suyo; de donde concluye con buena razon, que este Ser supremo es espíritu puro, perfectísimo, ageno de todo lo corporeo, é imposible de hallarse en la materia. Esto no es mas que mostrar el origen de nuestros conocimientos, así de los que tienen por objeto lo material y corporeo, como los puros espíritus, por lo que conduce á la Lógica. La buena Metafísica añade á estas primitivas reflexîones algunas otras con que se ilustra mas este asunto. Quando las luces sobrenaturales de la Fe Divina, comunicada por la Iglesia Católica, entran en nuestro entendimiento, fortifican extremamente estas verdades naturales, y se hermanan con ellas, de modo que las nociones que las potencias mentales producen á la ocasion de otras por su fuerza innata, se acomodan con las luces divinas, y juntas ilustran el entendimiento para conocer á Dios, y alabar y engrandecer sus infinitas perfecciones. Para conocer el predominio de cada una de las potencias mentales, es preciso suponer que un gran talento merece llamarse así, quando todas son grandes y cumplidas. Mas este don celestial es muy raro, y en un siglo entero se ve en muy pocos. Una potencia sensitiva fina, delicada, pronta, y expedita: una imaginativa firme, fecunda, exâcta, y acomodable á tantos objetos, como se deben pintar en ella: una memoria felíz, estable, y dilatada: un ingenio agudo, extendido, claro, pronto, descubridor, y desembarazado: un juicio sólido, recto, maduro, firme, seguro, é incorruptible por los afectos del ánimo, son un conjunto de preciosidades tan difíciles de encontrar entre los hombres, como el Fenix. Felíz aquel en quien concurren la mayor parte de estos incomparables bienes, que alguna vez, aunque de tarde en tarde, envia la Divina Providencia para manifestacion de su Gloria, y bien de la Humanidad. Siendo, pues, los hombres por lo comun escasos de tantas luces, y sugiriendo el amor propio á cada uno de nosotros, que las tenemos todas, conviene primero que cada qual estudie y medite qué potencias intelectuales predominan en sí mismo, y qué afectos las acompañan, para adquirir con el estudio y aplicacion lo que le falta, y dominar las pasiones que corrompen el juicio. Despues de haber hecho una averiguacion sana de su propio entendimiento, puede pasar á ver cómo podrá aprovecharse de las luces de los demas. Para esto se ha de saber, que en todas las artes Mecánicas, en que principalmente se exercitan las manos y el cuerpo, la potencia sensitiva, é imaginativa predominan; porque su incumbencia es trabajar sobre cosas sensibles, ya juntándolas, ya desuniéndolas, ya trabándolas de mil maneras entre sí, en lo que los sentidos y la imaginacion estan siempre ocupados. En la pintura, escultura, estatuaria, y otras semejantes facultades domina la imaginacion, pues de ella se vuelven á copiar las imágenes de las cosas. Los Poetas tienen por lo comun la imaginacion vivaz, agitada y fuerte, el ingenio agudo y descubridor, pero corto el juicio, porque aunque algunos le tienen, pero son muy pocos. Los Dialécticos ocupan todo el ingenio. Las verdaderas Ciencias y la sabiduría son obras del juicio, porque dado que todas las potencias deben concurrir, la razon es la que en ellas predomina. La Física pide igual aplicacion de la potencia sensitiva y de la imaginativa con el juicio, porque es necesario percibir los objetos corporeos con delicadeza y distincion, tener las imágenes de ellos en la fantasía exâctas, claras, y sin confusion alguna; pero como no basta esto solo, pues conviene ademas de esto combinar, para lo qual es preciso el ingenio, y sobre todo razonar, arreglar, ordenar, y colocar cada cosa en el punto en que lo ofrece la naturaleza, sin equivocaciones, ni falsas atribuciones, y aplicar los principios fundamentales del saber, en todo lo qual ha de ocuparse el juicio; por eso es menester mucho para formarse un Físico verdadero, y por eso aunque hoy todos hablan de la Física, no todos la entienden, ni es tanto como se cree lo que se ha adelantado en ella. Para hacer crítica de los Autores y aprovecharse de ellos es menester reparar, qué potencias mentales y qué afectos del ánimo los dominan; porque si escriben apasionados, ó con cortas luces del entendimiento, ó sin potencias correspondientes á los asuntos en que se empeñan, poco fruto se sacará de su letura; y sin este conocimiento son de poco valor los juicios que unos Autores hacen de otros. Nos hemos valido hasta aquí de la Animástica y Metafísica para darnos á entender con toda claridad en lo que vamos á decir de la Lógica.

[Nota a: Instit. Medic. Phisolog. proposic. 47. y 48. num. 187.]

CAPITULO VI.

De las nociones mentales simples.

[14] Llamamos nociones (voz bastantemente introducida en nuestra lengua) los actos de qualquiera potencia mental, con que el entendimiento conoce las cosas. Si comprehende, pues, un objeto con una sola nocion, esta se llama simple, como lo es la percepcion que llaman aprehension en las Escuelas. Todas las nociones simples conocen, ó la cosa que exîste por sí sin necesitar de otra, como la substancia: ó la que no puede estár sin otra á quien se arrima, como la adherente (algunos la llaman accidente): ó la que incluye juntas las dos, es á saber, accidente y substancia. El Agua, el Fuego, la Tierra, el Ayre, los Cielos, los Planetas, los Cuerpos terrestres, son substancias que exîsten por sí, y las conocemos como tales por las simples nociones que de cada una tenemos: los colores, los sabores, el frio y el calor, la extension é impenetrabilidad, y otros seres semejantes, nunca exîsten por sí solos, sino adherentes, ó arrimados á las substancias. Todos los entes corpereos del Universo se componen á un tiempo de substancia y accidentes, y como tales los conocemos con simples nociones, pues por una sola percepcion los representamos en la mente. Importa mucho separar las nociones de cada cosa, no confundirlas, ni atribuir á una lo que es de otra, para averiguar en cada una de ellas su naturaleza, efectos, y propiedades.

[15] Las nociones simples, unas son universales, otras singulares, otras medias. Todas las cosas en sí mismas, ó, como en las Escuelas con su bárbaro estilo dicen, à parte rei, son singulares: pero como cada una tiene un atributo, que es comun con otras, el entendimiento suele mirarlas por el lado solo en que se semejan, y con una nocion las comprehende todas. Esta nocion se llama universal, y comunmente se dice hecha por abstraccion, porque la mente de muchas cosas del objeto no conoce entonces mas que una, abstrayéndola, como que la mira separada de las demas. El modo de abstraher es este: fórmase en la fantasía la imagen de lo viviente y sensitivo (que llamamos animal) todas las veces que ve estas cosas en los entes singulares, ya sean hombres, ya bestias, ya sabandijas, &c. la memoria renueva en confuso estas imágenes, cada vez que se presenta una sola, por la necesaria conexîon que unas tienen con otras: estas potencias tienen entonces, sin transcender á mas, la nocion de animal, con la que miran no un solo individuo singular, sino todos los que forman y excitan aquella misma representacion; y siendo muchos, la nocion es universal. La nocion singular no necesita de explicacion, pues por ella conocemos cada cosa en particular. Las nociones singulares anteceden, como hemos dicho, á las universales; y para que estas sean exâctas es menester adquirir aquellas con el mayor cuidado, á fin de asegurarse de manera, que la nocion mental sea enteramente conforme á la cosa que mira como objeto. Las nociones medias son aquellas, que ni representan los singulares, ni son universales, sino excluyendo tácitamente á ambos, participan de las dos, como quando decimos: algun hombre, pues con esta nocion, ni comprehendemos todos los hombres, ni á uno solo. Esto lo hace el entendimiento quando no ve en el objeto lo singular, ni descubre en él mismo los atributos universales.