[Nota h:Esto conviene advertir para no hacer caso de lo que contra el uso sylogístico pronuncia en tono de oráculo y de burla el célebre Vernei ó Barbadiño: De re logica, lib. 2. cap. 7. pág. 63.]
[37] Primera regla: El consiguiente debe estar incluido en una de las premisas, y la otra debe manifestarlo. En este sylogismo: Todo hombre es mortal: Ticio es hombre: luego Ticio es mortal, el consiguiente está incluido en la universal: Todo hombre es mortal, y la proposicion Ticio es hombre, sirve para hacerlo manifiesto. Esta regla es sin excepcion, y la mas general y segura para conocer la bondad de los sylogismos. Pónela Aristóteles en sus analíticos, y los Escolásticos la explican difusamente, de modo, que no hay nada mas comun en sus Súmulas impresas. Con todo el Autor del Arte de pensar[a] pondera la utilidad y necesidad de esta regla, y habla de ella como que la ha inventado, pues buscando una norma fixa para conocer la rectitud de los sylogismos sin recurrir á las reducciones de ellos, y poder facilmente desembarazarse, la propone como que le ha venido al pensamiento (& voici ce qui en est venu dans l'esprit).
[Nota a: Part. 3. cap. 10. pág. 308.]
[38] Regla segunda: De premisas verdaderas precisamente ha de salir consiguiente verdadero, de premisas falsas consiguiente falso. Esta regla consta, porque debiendo el consiguiente estar incluido en las premisas, si estas son verdaderas debe ser verdadero, y si son falsas falso: ni es otra cosa la conseqüencia, sino la necesaria conexîon con que el consiguiente está embebido en los antecedentes; y no pudiendo una misma proposicion ser verdadera y falsa, tampoco podrá ser falso un consiguiente que está comprehendido en premisas verdaderas, y al contrario. Añádese, que dos verdades no pueden ser opuestas, porque una de ellas dexará de serlo por aquel principio de luz natural: cada cosa es, ó no es; con que es preciso que lo que es verdad en los antecedentes, lo sea tambien en el consiguiente legítimamente deducido de ellos. Objétase contra esta regla, que por sylogismos bien hechos sale un consiguiente verdadero de premisas falsas de lo qual trae Aristóteles muchos exemplos en el libro primero de los Analíticos. Todo animal es piedra, ningun hombre es animal, luego, ningun hombre es piedra. Este consiguiente es verdadero, y se deduce de premisas falsas. Se responde, que el consiguiente es verdadero por sí, esto es, por la materia, ú asunto de que se compone; mas no por la disposicion y forma del sylogismo, porque no está incluido en ninguna de las premisas, y así falta el argumento á la primera regla. Múdese el asunto y materia, de necesaria como es en el sylogismo propuesto, en otra contingente, y con la misma coordinacion no saldrá el consiguiente verdadero, como se vé en este: Todo viviente es vino, todo liquor es viviente, luego todo liquor es vino. En las Escuelas dicen bien, que del imposible qualquiera cosa se deduce; y si se concedieran las premisas, era precisa la conseqüencia. Se entenderá esto mejor considerando, que en el sylogismo para alcanzar la verdad concurren dos potencias mentales, el ingenio, y el juicio. El ingenio combina las nociones, las descubre, y ordena para deducir una cosa de otra: el juicio conoce y vé si las nociones se conforman ó no con las cosas. Quando un sylogismo está bien ordenado segun las combinaciones del ingenio, y no es conforme su contenido á lo que requiere el juicio, entonces es una cosa puramente mental, como otras muchas de la potencia combinativa, y puede llamarse ente de razon, esto es, cosa que solo existe en el entendimiento, segun suele fabricarlas esta potencia; pero si al buen orden que el ingenio da á las nociones en el sylogismo se añade la confirmacion del juicio, en tal caso concluye y dexa satisfecho de la verdad al entendimiento. En los dos sylogismos propuestos, y otros muchos que se pueden hacer á este modo, las premisas son puramente mentales, y solo existen en el entendimiento; con que los consiguientes si la materia es necesaria se verificarán por sí mismos; y si es contingente, saldrán tan falsos como los antecedentes. Por eso en las Escuelas se conceden, ó niegan las premisas antes de llegar al consiguiente, pues siendo verdaderas, si el sylogismo es bueno ha de ser verdadero el consiguiente, y si son falsas falso. Síguese de lo dicho, que no puede tener lugar en los argumentos escolásticos que aconseja Feyjoó, de que el respondiente, quando no está asegurado de la verdad, ó falsedad de las proposiciones del arguyente, en lugar de conceder, ó negar diga, que duda, pues no está obligado á mas por las leyes de la veracidad[a], porque si duda de las proposiciones que le oponen como contrarias, á su thesis, ó conclusion, deberá tambien dudar de esta, ó á lo menos se entenderá que no está firme en ella, puesto que hay proposiciones que de cerca, ó de lejos la destruyen, y dudando de ellas, es preciso que esté dudoso de la conexîon, ó inconexîon que entre sí tienen, y por consiguiente lo esté tambien de la firmeza de lo que defiende.
[Nota a: Feyjoó Teatr. Crític. tom. 8 disc. I. §. 6. pág. II.]
[39] Regla tercera: En ningun sylogismo ha de haber mas que tres términos, porque como se ha de afirmar, ó negar la identidad de los extremos por la que tienen con el medio, si los términos son mas de tres no vale la prueba, ni puede ya fundarse en el principio: las cosas que son una misma con una tercera son unas mismas entre sí. Gran cuidado se ha de poner en los sylogismos de proposiciones exclusivas, de términos compuestos, y otros tales, en exâminar bien los extremos, y el medio, porque facilmente son mas de tres, y por eso no concluyen. Desembarazándolos conviene ver, si los términos son unos mismos, é invariables con las mismas propiedades, ampliaciones, restricciones, &c. porque una variacion, que no aparece á primera vista, hace defectuoso el argumento.
[40] Regla quarta: Una de las premisas á lo menos ha de ser universal; porque así se verifica, dici de omni, dici de nullo: y no haciéndolo así, con dos particulares se multiplica el medio, y salen mas de tres términos. Trae esto tambien el inconveniente, que pudiendo ser diverso el medio, no puede hacerse la identidad del sugeto, y predicado del modo que se requiere para probarla por su union con un tercero. Una substancia es piedra: un animal es substancia: luego un animal es piedra. En este sylogismo el medio substancia significa una cosa en la mayor, que es la determinada materia, y otra en la menor, que es la determinada substancia del animal, y por esta variacion no concluye. Tambien es defectuoso el sylogismo, en cuya conclusion alguno de los términos es mas universal que en las premisas, puesto que de particulares no se puede colegir universal. Todo animal es sensitivo: todo animal es substancia: luego toda substancia es sensitiva. La voz substancia en la menor se toma por cosa determinada, y en la conclusion por comun á todo lo que es substancia.
[41] Regla quinta: Una de las premisas á lo menos debe ser afirmativa, porque si las dos son negativas, ni unen los extremos con el medio, ni los separan por el medio, sino del medio. Hay algunos sylogismos de términos infinitos, que concluyen con dos premisas, al parecer negativas; pero desentrañando las proposiciones se hallará que una de ellas equivale á afirmativa. Ningun animal es piedra: ningun hombre es cosa distinta del animal: luego ningun hombre es piedra. Bien se ve que la menor equivale á esta afirmativa: todo hombre es animal. Otras reglas, como que el medio no ha de entrar en la conclusion; que, si hay particular, ó negativa en las premisas, el consiguiente debe serlo; porque como dicen los Escolásticos,la conclusion sigue la parte mas debil; y otras á este modo son tan llanas, que sin estudio, con un poco de advertencia las conoce qualquiera. Siendo, pues, tan primoroso el artificio de los sylogismos, no hay que extrañar, que en tantos y tan diversos como se proponen en las funciones públicas de las Escuelas, haya muchos defectuosos, que no siendo facil desenvolverlos con el calor de la disputa, sean motivo de embrollos y dificultades, que ofuscan la verdad. Todas estas reglas propuestas y explicadas con admirables exemplos y advertencias por Aristóteles en el libro primero de los Analíticos, las comprehendieron prácticamente los Escolásticos en la formacion de los sylogismos por las voces inventadas de estos versos:
Barbara, Celarent, Darii, Ferio, Baralipton.
Celantes, Dabitis, Fapesmo, Frisesomorum.
Cesare, Camestres, Festino, Baroco, Darapti.
Felapton, Disamis, Datisi, Bocardo, Ferison.
Aunque las palabras son bárbaras, pero son á propósito para el fin á que se enderezan. Cada una de ellas significa un modo de sylogismo concluyente, y cada letra vocal una proposicion, de manera, que la A denota universal afirmativa, la E universal negativa, la I particular afirmante, la O particular negante. Por exemplo, en Barbara las tres proposiciones corresponden á la A: con que el sylogismo ha de constar de tres universales afirmativas. Todo animal es viviente, todo hombre es animal, luego todo hombre es viviente. En Celarent ha de ser la mayor universal negativa por la E, la menor universal afirmativa por la A, y la conclusion universal negativa. Ninguna planta es animal, todo arbol es planta, luego ningun arbol es animal. A este modo se forman facilmente en las demas palabras, y en todas concluyen, porque en todas se encierran las reglas que pertenecen al modo de formar los sylogismos.