"En la frente y á un lado de la boca mostraba unas llagas muy feas como si le saliera por el rostro la lepra de su alma corrompida."

"Con el rebozo hecho pedazos y llevando en el brazo un canasto también roto, exhalaba un aire pestilente al grado de que los mismos mendigos huían de ella y la llamaban por sus antecedentes La matona."

"Despreciada por las mismas gentes despreciables, era tan infeliz, que yo aborreciéndola, llegué á sentir compasión al verla que apenas podía recoger lo necesario para vivir."

"Un día busqué al señor que me había favorecido en el hospital y volví á pedirle el peso de cada semana, diciéndole que había otro más desgraciado que yo á quien quería socorrer. Aquella limosna se la enviaba á la pobre María con otro mendigo porque yo no quise mirarla de cerca."

XXII.

"Cuando la veía sentada en la puerta de una iglesia ó en la esquina de un portal, causando asco y sufriendo que todos huyeran de su lado, se me figuraba una de esas viejas aves de rapiña que después de haber chupado la sangre de animales incautos, viven abandonadas sobre una roca y se mueren de hambre en los muladares."

—¡Castigo del cielo!—Exclamó el Padre, y el mutilado tomando aliento, concluyó:

"Como María es joven y solamente por los pesares y la enfermedad estaba consumida, muy pronto se reparó cuando ya tuvo algo con que alimentarse y vestirse."

"Al poco tiempo noté que sus llagas desaparecieron, se le compuso el color, le creció el cabello y dejó de pedir limosna."