D. Carlos suspendió unos instantes su narración y poniéndose la mano en el pecho, continuó:

"Aquí guardo todavía esta prenda del sentimiento y de la gratitud."

"¡Cuántas veces la he besado, la he comprimido sobre mi corazón y mojado con mi llanto!"

"Era lo único que poseía en el mundo aquella niña desdichada."

"Aun no amanecía; después de abrazar á mi madre, bajé á tomar el coche acompañado por mi tío; Sebastián conducía el equipaje y una linterna."

"En el descanso de la escalera encontré á María Luisa, que había estado allí toda la noche para verme pasar."

"Sus labios temblaban y sus cabellos caían en desorden; sus ojos llenos de lágrimas me dirigieron una mirada de agonía."

"Al pasar junto á ella me pareció escuchar un gemido triste como el ay de la tórtola cuando llora por el hijo que le han robado."

"Yo no tuve ánimo para decirle adiós."