¡Se ha cumplido nuestro destino; hemos seguido con toda fidelidad los renglones escritos por la Suerte; porque aquél para quien la Suerte escribió un renglón, no tiene más remedio que seguirlo!»

Y el saaluk prosiguió de este modo:

«Cuando dejé tuerto al visir, no se atrevió á reclamar en contra mía, porque mi padre era el rey del país. Pero ésta era la causa de su odio.

Y cuando me presentaron á él con los brazos atados, dispuso que me cortaran la cabeza. Entonces le dije: «¿Por qué me matas si no he cometido ningún crimen?» Y contestó: «¿Qué mayor crimen que éste?» Y señalaba su ojo huero. Y yo dije: «Eso lo hice contra mi voluntad.» Pero él replicó: «Si lo hiciste contra tu voluntad, yo voy á hacerlo con toda la mía.» Y dispuso: «¡Traedlo á mis manos!» Y me llevaron entre sus manos.

Entonces extendió la mano, clavó su dedo en mi ojo izquierdo y lo hundió completamente.

¡Y desde entonces estoy tuerto, como todos veis!

Hecho esto, ordenó que me atasen y me metiesen en un cajón. Después llamó al verdugo y le dijo: «Te lo entrego. Desenvaina tu alfanje y lleva á este hombre fuera de la ciudad; lo matas y le dejas allí para que se lo coman las fieras.»

Entonces el verdugo me llevó fuera de la ciudad. Y me sacó de la caja con las manos atadas y los pies encadenados, y me quiso vendar los ojos antes de matarme. Pero entonces rompí á llorar y recité estas estrofas:

¡Te elegí como firme coraza para librarme de mis enemigos, y eres la lanza y el agudo hierro con que me atraviesan!

¡Cuando disponía del poder, mi mano derecha, la que debía castigar, se abstenía, pasando el arma á mi mano izquierda, que no la sabía esgrimir! ¡Así obraba yo!