¡Pero si no has de usarlo para hacer donaciones, procura, al menos, producir belleza! ¡Y serás así uno de aquellos á quienes se cuenta entre los escritores más grandes!

Cuando acabé de escribir les entregué el rollo de pergamino. Y todos los que lo vieron se quedaron muy admirados. Después cada cual escribió una línea con su mejor letra.

Luego de esto se fueron los esclavos para llevar el rollo al rey. Y cuando el rey hubo examinado lo escrito por cada uno de nosotros, no quedó satisfecho más que de lo mío, que estaba hecho de cuatro maneras diferentes, pues mi letra me había dado reputación universal cuando yo era todavía príncipe.

Y el rey dijo á sus amigos que estaban presentes y á los esclavos: «Id en seguida á ver al que ha hecho esta hermosa letra, dadle este traje de honor para que se lo vista, y traedle en triunfo sobre mi mejor mula al son de los instrumentos.»

Al oirlo, todos empezaron á sonreír. Y el rey, al notarlo, se enojó mucho, y dijo: «¡Cómo! ¿Os doy una orden y os reís de mí?» Y contestaron: «¡Oh rey del siglo! En verdad que nos guardaríamos de reirnos de tus palabras; pero has de saber que el que ha hecho esa letra tan hermosa no es hijo de Adán, sino un mono que pertenece al capitán de la nave.» Estas palabras sorprendieron mucho al rey, y luego, convulso de alegría y estallando de risa, dijo: «Deseo comprar ese mono.» Y ordenó inmediatamente á las personas de su corte que cogiesen la mula y el traje de honor y se fuesen á la nave á buscar al mono, y les dijo: «De todas maneras, le vestiréis con ese traje de honor y le traeréis montado en la mula.»

Llegados á la nave, me compraron á un precio elevado, aunque al principio el capitán se resistía á venderme, comprendiendo, por las señas que le hice, que me era muy doloroso separarme de él. Después los otros me vistieron con el traje de honor, montáronme en la mula y salimos al son de los instrumentos más armoniosos que se tocaban en la ciudad. Y todos los habitantes y las criaturas humanas de la población se quedaron asombrados, mirando con interés enorme un espectáculo tan extraordinario y prodigioso.

Cuando me llevaron ante el rey y lo vi, besé la tierra entre sus manos tres veces, permaneciendo luego inmóvil. Entonces el monarca me invitó á sentarme, y yo me postré de hinojos. Y todos los concurrentes se quedaron maravillados de mi buena crianza y mi admirable cortesía; pero el más profundamente maravillado fué el rey. Y cuando me postré de hinojos, el rey dispuso que todo el mundo se fuese, y todo el mundo se marchó. No quedamos mas que el rey, el jefe de los eunucos, un joven esclavo favorito y yo, señora mía.

Entonces ordenó el rey que trajesen algunas vituallas. Y colocaron, sobre un mantel cuantos manjares puede el alma anhelar y cuantas excelencias son la delicia de los ojos. Y el rey me invitó luego á servirme, y levantándome y besando la tierra entre sus manos siete veces, me senté sobre mi trasero de mono y me puse á comer muy pulcramente, recordando en todo mi educación pasada.

Cuando levantaron el mantel, me levanté yo también para lavarme las manos. Volví después de lavármelas, cogí el tintero, la pluma y una hoja de pergamino, y escribí lentamente estas dos estrofas ensalzando las excelencias de la pastelería árabe:

¡Oh pastelero! ¡dulces, finos y sublimes pasteles, enrollados con los dedos! ¡Vosotros sois la triaca, el antídoto de cualquier veneno! ¡Nada me gusta tanto, y constituís mi única esperanza, toda mi pasión!