Entonces, ¡oh mis señores! empecé á viajar por todos los climas y todos los países, hasta que supe el fallecimiento de Montasser Billah y el reinado de su sucesor el califa El-Mostasem. Volví á Bagdad en seguida, pero me encontré con que todos mis hermanos habían muerto. Y entonces ese joven que se acaba de marchar tan descortésmente me llamó á su casa para que le afeitase la cabeza. Y contra todo lo que ha dicho puedo aseguraros, ¡oh mis señores! que le hice un grandísimo favor, y á no ser por mi ayuda, probable es que el kadí, padre de la joven, lo hubiese mandado matar. De modo que todo lo que ha dicho es una calumnia, y cuanto ha contado sobre mi supuesta curiosidad, indiscreción, charlatanería y falta de tacto es falso absolutamente, ¡oh vosotros cuantos aquí estáis!»

Tal es, ¡oh rey afortunado!—prosiguió Schahrazada—, la historia en siete partes que el sastre de la China refirió al rey. Y después añadió:

«Cuando el barbero Samet hubo terminado su historia, no necesitamos oir más para convencernos de que era realmente el charlatán más extraordinario y el rapista más indiscreto de toda la tierra. Y quedamos persuadidos de que el joven cojo de Bagdad había sido la víctima de su insoportable indiscreción. Entonces, aunque sus historias nos habían hecho pasar un buen rato, acordamos castigarle. Y nos apoderamos de él, á pesar de sus chillidos, y lo encerramos en un cuarto oscuro lleno de ratas. Y los demás seguimos comiendo, bebiendo y disfrutando hasta que llegó la hora de la plegaria. Y entonces nos retiramos, y yo fuí en busca de mi esposa.

Pero al llegar á mi casa encontré á mi mujer de mal humor, y me dijo: «¿Te parece bien dejarme sola mientras andas de diversión con tus amigos? Si no me sacas en seguida á paseo, me presentaré al walí para entablar la demanda de divorcio.»

Y como soy enemigo de disturbios conyugales, quise que hubiera paz, y á pesar del cansancio salí á paseo con mi mujer. Y anduvimos recorriendo calles y jardines hasta la puesta del sol.

Y cuando regresamos á casa encontramos por casualidad á ese jorobeta que se hallaba á tu servicio, ¡oh rey poderoso y magnánimo! Y el jorobado estaba borracho completamente, diciendo chistes á cuantos le rodeaban, y recitó estos versos:

¡No sé si elegir la copa transparente y coloreada ó el vino sutil y purpurino!

¡Porque la copa es como el vino sutil y purpurino, y el vino es como la copa coloreada y transparente!

Y se interrumpía para embromar á los transeuntes ó para danzar, golpeando la pandereta. Y yo y mi mujer supusimos que sería para nosotros un agradable comensal, y le convidamos á comer con nosotros. Y juntos comimos, y mi esposa se quedó con nosotros, pues no creía que la presencia de un jorobado fuese como la de un hombre regular, pues de no pensarlo así no habría comido delante de un extraño.