Profunda sensacion ha causado y no podia menos de causar esa noticia; si los planes interesados de esa agrupacion llegaran á realizarse, Puerto-Rico esperimentaria una sensible pérdida, viendo desvanecerse en un momento sus legítimas aspiraciones de mejoramiento en su régimen político y administrativo.
No es de creer que esas maquinaciones prevalezcan, y que V. M. de oidos á lo que notoriamente es sólo un ardid de partido para conseguir fines determinados; pero la sola idea de que tal cambio pudiera efectuarse por consecuencia directa ó indirecta de los activos é infatigables trabajos de nuestros adversarios, mueve á los firmantes á elevar hasta V. M. su respetuosa voz con objeto de que la verdad se abra paso y conozca V. M. de una manera fehaciente la opinion y el deseo de la inmensa mayoría de esta leal Provincia, que sólo aspira á que en ella reinen la justicia y el órden, vínculos que la estrechen más y más con la Madre Patria por cuya gloria y honra darian todos sus vidas y sus bienes.
Los que quisieran el estacionamiento del régimen colonial en esta Antilla, incompatible con la gloriosa y trascendental revolucion de 1868, que conquistó la libertad para España, de que formamos parte integral, y que dió por resultado la elevacion al trono de V. M. y su dinastía para felicidad de la Nacion; los que á todo trance ansían que se perpetúe ese funesto régimen; los que aman ardientemente esa situacion política á cuya sombra han medrado con el privilegio y el monopolio; los que aborrecen la libertad en este suelo porque comprenden que siendo fuente del órden y de la justicia, caerán esos privilegios y la igualdad del ciudadano ante la ley y en la ley los despojará de la influencia y preponderancia indebidas, que por aquellos medios han logrado y logran todavía; los que tan mal quieren á la noble España que por su interés egoista prefieren verla aquí arbitraria é injusta antes que liberal y noble, no omiten medios por reprobados que sean para alcanzar sus torpes fines.
El Gobierno recto, muy recto del ilustre general La Torre, desde el momento en que arribó á estas playas desconcertó y disgustó á esos hombres. Acostumbrados á ser oidos y atendidos en los consejos del gobierno, y á que sus ideas se practicaran; formando, si así puede decirse, una administracion y un régimen gubernativo á su antojo y sabor, la primera vez que una firme y justa autoridad celosa de sus deberes cerró los oidos á toda exigencia y á toda insinuacion, y sin más norma que la ley y la justicia distribuyó esta por igual entre todos los habitantes de la provincia y á todos dispensó la misma proteccion; desde ese momento el despecho y la ira encendieron sus corazones y concentraron todas sus fuerzas para volver á la antigua situacion perdida y echar por tierra sin consideracion ni miramiento alguno el obstáculo que se oponia á sus planes.
De ahí su actitud hostil y osada en esta provincia; de ahí las frecuentes alarmas con que han tratado de mantener intranquilo y temeroso al país; de ahí sus contínuas reuniones y aparatos; de ahí sus protestas irrespetuosas y sus escritos llenos de saña y de veneno en los periódicos que aquí sostienen; de ahí, por último, las groseras calumnias, las torpes mentiras, las falsedades escandalosas con que los órganos de su devocion en la prensa de la Metrópoli intentan desfigurar los hechos y la verdad, y sorprender y estraviar la opinion pública, fingiendo que esta provincia se halla en el más triste estado de desórden y de anarquía, y presentando á su digno gobernador como el jefe del partido radical, á quien apostrofan con el calificativo injurioso de partido filibustero y separatista que conspira contra la integridad de la nacion.
No cabe ni cupo jamás tal osadía en inteligencia humana. Se concibe la lucha legal y moderada entre dos partidos que disputan el triunfo y la influencia en el poder. Se concibe la emulacion de las agrupaciones políticas, que atentas á la felicidad de la patria comun, batallan en noble lid, se esfuerzan en conseguir la victoria y usan de armas dignas y lícitas. Pero no se concibe ni puede concebirse que con la vista fija en un censurable egoismo, sin amor ni fé por la patria, que sin embargo se toma por pretesto, haya un conjunto de hombres que quieren sacrificarlo todo, justicia, derecho, consecuencias, libertad, moralidad á sus planes funestos y verdaderamente perturbadores de la prosperidad y el reposo de esta Isla.
Esa es la táctica, ese el sistema empleado por los hombres que en esta Antilla se llaman defensores de la nacionalidad y se abrogan el privilegio exclusivo de ser los únicos españoles que aquí alientan.
Esos hombres, penetrados de que la justicia no puede oscurecerse, convencidos de la que asiste á esta Provincia para pedir los derechos de ciudadanía, que como miembros de la Nacion Española la pertenecen, sin poder contener el oleaje impetuoso de la revolucion justa y radical verificada en la Madre Patria, que prometió esos derechos y las reformas consiguientes, no encontrando razon alguna que oponer ni fundamento en que apoyar la negativa al nuevo estado de cosas prometido, han apelado á ese odioso medio de calumniar al país, llamándole enemigo de España y confundiendo la reforma con la aspiracion al separatismo, para ennegrecer con esa fea mancha á todo el que no sea de su opinion y ame la libertad en esta tierra.
Así se explica lógicamente esa falsa imputacion, que prodigan al partido radical de Puerto-Rico, y que utilizan en todas ocasiones. Es indigno tal calificativo. No, Puerto-Rico es fiel y leal. Puerto-Rico ama á la Patria con el mismo cariño que sus demás provincias hermanas. Puerto-Rico guarda en su historia elocuentes ejemplos de su lealtad. Puerto-Rico tiene en su vida pública atestados infinitos de su adhesion y amor á la Metrópoli. Puerto-Rico no abriga más que españoles. La inmensa mayoría de sus habitantes, aspira, es cierto, á la libertad, pero con España, dentro de España, siguiendo su misma suerte. Esa mayoría inmensa á que los monopolizadores de la nacionalidad apellidan enemigos de la Patria, porque quieren reformas y libertad; esa mayoría es más española que sus detractores, porque obedece y acata las prescripciones del poder supremo, porque se conforma y cumple los mandatos de sus autoridades, mientras que ellos, los que más gritan su españolismo, no aman otra España que la que forjan sus intereses, la que puede servir á favorecerlos, y se rebelan contra el Gobierno, y luchan con las autoridades superiores, que desprestigian y amenazan osadamente con la rebelion de la lealtad, cuando el poder no favorece esos intereses y no dispensa injusta proteccion á sus planes.