"Pues bien, D. Manuel Cortés ha sido espulsado de la isla por el Sr. La Torre y enviado á la de Cuba, antes de que el gobierno de Madrid tuviera conocimiento de ello y antes que llegara á Puerto-Rico la órden, que con posterioridad ha enviado el general Córdova. El ministro de la Guerra, que en todo procede como quien es y con el más completo desconocimiento de toda nocion de justicia, ha dispuesto que el Sr. Cortés se traslade á Cuba, con lo que el general Córdova ha querido, sin duda, dar una satisfaccion á los separatistas y ultra-reformistas que le han elegido allá diputado por el distrito de Ponce."

No hallamos palabras para pintar con sus propios colores las muestras de cariño y de la simpatía, que el recto proceder y los sentimientos altamente españoles han granjeado entre los leales al Sr. Cortés.

Entusiasta hasta el más alto grado fué la despedida que á aquel militar se ha hecho en Puerto-Rico, teniendo la inmensa satisfaccion de poder estrechar entre sus brazos á lo más distinguido, á lo más elevado, lo más patriótico y español de la isla, elocuente manifestacion que prueba como aquellos honrados y buenos españoles saben venerar á los que sirven con verdad y lealtad á la causa de nuestra patria.

Se nos dice que se preparaba en la Habana al Sr. Cortés un recibimiento tan entusiasta como lo fué su despedida de Puerto-Rico.

Lo creemos: el Sr. Cortés es digno de la consideracion y el cariño de los españoles leales.

Ahora bien, todo el mundo ha podido ver en la Gaceta que el Sr. Cortés ha pasado á continuar sus servicios en la Isla de Cuba, por disposicion del Gobierno Supremo, habiendo salido de aquí en el vapor correo hace cuatro dias. Esto no necesita comentarios. Así se escribe la historia por los periódicos conservadores; así estará escrita seguramente la de Lares.

Esa senda por donde se han lanzado los conservadores, es el instrumento que con más vigor y actividad trabaja en favor de nuestra causa. Nos duele y nos repugna ver á los enemigos de las reformas usar de tan malas artes para combatir una causa santa; pero lo decimos francamente, si nosotros quisiéramos apresurar su triunfo, nada nos parecería más útil que mantener una prensa tan desatentada como la que se llama conservadora en los asuntos de Puerto-Rico.

Los artículos de El Debate están como las lenguas de los senadores romanos que, agitados por el terror al ver desmoronarse el grande imperio exclamaban: ¡Qué se van los dioses! Y en efecto los reaccionarios aquí y en la Península ya no son otra cosa que lo que es la nieve cuando para derretirla aparecen los rayos del sol en un hermoso dia de primavera.

Convénzase el partido conservador de que se halla en plena descomposicion y si quiere reconstituirse empiece por renunciar todo lo que constituye su organismo actual. De otro modo, siguiendo el camino que han emprendido, demolerán creyendo que conservan y anularán teniendo la preocupacion de que perpetúan.