dábale voces el Cid,

d’esta manera decía:

—Espérame, moro Abdalla,

no demuestres cobardía.—

Á las voces que el Cid daba

el moro le respondía:

—Muchos tiempos há, buen Cid,

que esperaba yo este día,

porque no hay hombre nacido

de quien yo me escondería;