nervios y arterias heladas,

les apretó de manera

que dijeron:—Señor, basta

¿Qué intentas ó qué pretendes?

Suéltanos ya, que nos matas.—

Mas cuando llegó á Rodrigo,

casi muerta la esperanza

del fruto que pretendía,

que á do no piensan se halla,

encarnizados los ojos,