porque todos daban voces,
y nadie quien lidie daba.
Arias Gonzalo prosigue
diciendo:—Recibe, Urraca,
mis canas para consejo,
mis fijos para batalla;
dales tu mano, señora,
que su juventud lozana
será invencible, si fuere
de tu mano real tocada.
porque todos daban voces,
y nadie quien lidie daba.
Arias Gonzalo prosigue
diciendo:—Recibe, Urraca,
mis canas para consejo,
mis fijos para batalla;
dales tu mano, señora,
que su juventud lozana
será invencible, si fuere
de tu mano real tocada.