Arias Gonzalo, y sus hijos
todos juntos á su lado.
Él quiere ser el primero,
porque en la muerte no ha estado
de don Sancho; mas la Infanta
la batalla le ha quitado,
llorando de los sus ojos
y el caballo destrenzado.
—¡Ay! ruégovos por Dios, dice,
el buen Conde Arias Gonzalo,