se me abra el corazón

con alegría tan cierta.

¡Oh conde Lozano infame!

El cielo de ti me venga,

y mi razón, contra ti,

ha dado á Rodrigo fuerzas.

Siéntate á yantar, mi fijo,

do estoy, á mi cabecera,

que quien tal cabeza trae

será en mi casa cabeza.