faced como no se entienda,

enviádmelos á pedir,

non empeñéis vuestras prendas.

Buscad sobre mi palabra,

que bien fallaréis sobre ella

quien á vuestra cuita corra,

pues yo acudo á las ajenas.

Con tanto, señora, adios,

que el ruido de armas resuena.—

Y tras un estrecho abrazo,