que solía adivinar,
subiérase á un alta torre
para bien la contemplar.
Cuánto más la mira hermosa,
más le crece su pesar.
Sospirando con gran pena,
aquesto fué á razonar:
—¡Oh Valencia! ¡Oh Valencia,
digna de siempre reinar!
Si Dios de ti no se duele,