Por la mano prende el Cid,
no con rigor ni con saña,
al joven Martín Peláez
que fuyó de la batalla,
y por mejor reprendelle
de su cobardía mala,
se sienta á su mesa y dice
con amorosas palabras:
—Yantemos en uno juntos,
que non he sabor ni gana
Por la mano prende el Cid,
no con rigor ni con saña,
al joven Martín Peláez
que fuyó de la batalla,
y por mejor reprendelle
de su cobardía mala,
se sienta á su mesa y dice
con amorosas palabras:
—Yantemos en uno juntos,
que non he sabor ni gana