Los moros fueron vencidos,

Peláez se había tornado,

esperándole está el Cid

fasta que fuera llegado:

con muy crecido placer

Rodrigo lo había abrazado;

díjole:—Martín Peláez,

vos sois bueno y esforzado,

non sois tal que merezcáis

de hoy más conmigo sentaros,