El otro cantar, llamado comunmente el Poema del Cid, fué publicado en el pasado siglo por el Pbro. Don Tomás Sánchez, y pudiera distinguirse de El Rodrigo, apellidándole El mio Cid, pues así denomina al de Vivar. Menos apartado que aquél de la realidad histórica, es, á nuestro ver más antiguo, y nos presenta un héroe, nada muelle ni apocado, pero grave y comedido, sin los impetuosos arranques atribuídos á sus mocedades. Refiere las hazañas del Cid después de su último destierro, la toma de Valencia, el casamiento, sin duda alguna fabuloso, de sus hijas con los infantes de Carrión, la cobardía de éstos y el mal tratamiento que dan á sus esposas, las cortes convocadas por Alfonso, la sentencia pronunciada contra los infantes y los nuevos casamientos de las hijas del Cid con el infante de Aragón (así dice) y el de Navarra.
Fueron narrados también en cantares perdidos, el testamento y la muerte de don Fernando, el cerco de Zamora, la muerte de don Sancho y la jura de Alfonso.
La Estoria de Espanna ó Crónica general compuesta ó más bien dirigida por Alfonso X, que contiene un gran depósito de relatos históricos y poéticos de la vida del Cid, ha conservado otras tradiciones, que sin duda no fueron cantadas, tales como la de haber el Cid libertado á don Sancho en Santarem, y amonestado y corregido al cobarde Martín Peláez en el cerco de Valencia y las del converso Gil Díaz y demás que dan cima á la biografía del héroe.
Leves rastros de alguna otra tradición se perciben en la Crónica particular del Cid, que por el intermedio de la de Castilla redactada en tiempo de Alfonso XI, proviene, según observó un ilustre crítico, de la obra histórica del Rey Sabio[2].
II
En la época de la formación de los romances, llegó el Cid á ser el héroe predilecto de estas composiciones populares que tanto valimiento alcanzaron. Fué además el único de cuyos romances se publicó una colección especial, empresa llevada á cabo por Escobar en su Romancero é Historia del muy valeroso caballero el Cid, Rúy Díaz de Vivar, impreso por primera vez en 1612 en Alcalá. Esta colección comprende 102 romances, algunos de los cuales tomó Escobar del Cancionero publicado en Amberes, primero sin fecha y por segunda vez en 1550, otros de los compuestos ó publicados por Sepúlveda y Timoneda, y, finalmente, y en mayor número, del Romancero general, añadiendo algunos que, como los últimos, pertenecen al género de romances nuevos ó artísticos. La colección de Escobar ha sido impresa en España á lo menos diez y ocho veces, y no pudo eclipsarla, antes bien quedó poco menos que desconocida la publicada en 1626 en Barcelona por Francisco Metje con el título de Tesoro escondido de todos los más famosos romances así antiguos como modernos del Cid... con romances de los siete infantes de Lara[3].
Los romances del Cid (y en esto no fueron únicos) inspiraron composiciones dramáticas, siendo sin duda las primeras las dos tan famosas de Guillén de Castro. Á éste siguió Pedro Corneille en varias escenas de su celebérrima tragedia del Cid, si bien al defender el carácter que había atribuído á Jimena, adujo la autoridad, no del dramático español, sino la de dos romances. La obra de Corneille fué el principal origen de la fama del Cid fuera de España. En la llamada Bibliothèque universelle des Romans (2.º volumen del mes de Julio de 1783) se publicó una versión bastante libre (por Couchut?) de varios romances del héroe de Vivar. Esta traducción fué puesta también libremente en lengua alemana por el famoso Herder cuyo libro se divulgó en gran manera entre sus compatricios. Han dado éstos, sin embargo, más fieles traducciones y publicado de nuevo los originales J. (Julius) con un prólogo castellano y una biografía del héroe por Müller, Keller que aumentó á Escobar y Carolina Michaelis que ha reunido 205 romances.
Todos los comprendidos en la colección selecta que damos á luz se leen en el incomparable Romancero general de Durán á excepción del Yo me estando en Valencia y del Junto al muro de Zamora que descubrieron Wolf y Hofmann en el segundo tomo de la Silva de romances de Zaragoza, publicándolo en su Primavera y Flor de romances, y del Banderas antiguas tristes que proviene del Tesoro de Metje y ha publicado Köhler en su Herder’s Cid con variantes del Jardín de amadores[4]. Nuestra elección no ha seguido exclusivamente un criterio estético. Hemos procurado en especial dar al lector una narración seguida, evitando, con alguna excepción casi necesaria, la repetición de un mismo hecho. Entre dos romances de igual asunto, no siempre hemos preferido el más antiguo, como hubiéramos hecho en una colección de índole científica, sino el más satisfactorio en su género. Al que nos tildase de haber omitido alguno de los viejos y admitido un gran número de los artísticos, contestaríamos además que varios de los últimos han adquirido gran celebridad y se echarían de menos en un Romancero del Cid, y que algo se ha de atender, en una publicación como la presente, al gusto del mayor número de lectores.
Pertenecen á la clase de los llamados primitivos y que con más ó menos rigor son acreedores á este título los: 6, Cavalga Diego Laínez; 7, Día era de los Reyes; 17, Por el val de las Estacas; 19, Á concilio dentro en Roma; 25, Doliente se siente el rey; 26, Morir vos queredes, Padre; 27, Rey don Sancho, rey don Sancho; 31, Apenas era el rey muerto; 32, Afuera, afuera, Rodrigo; 33, Riberas del Duero arriba; 34, Junto al muro de Zamora; 35, Guarte, guarte, rey don Sancho; 36, De Zamora sale D’Olfos; 39, Ya cabalga Diego Ordóñez; 43, Tristes van los zamoranos; 45, Por aquel postigo viejo; 46, En Santa Águeda de Burgos; 76, Helo, helo por do viene; 83, Por Guadalquivir arriba; 84, Tres cortes armara el rey; 85, Yo me estando en Valencia. En estos romances, por lo común bellísimos, hállanse el corte popular y la expresión ingenua que no pudo después imitar el arte, y no tan sólo en los asuntos, pero aun en los pormenores guardan preciosas reliquias de los antiguos cantares, transformados á menudo por la fantasía popular y algunas veces por la inventiva del poeta no menos que por el influjo de las crónicas. En el 46 se nota la mención de trajes relativamente modernos.
Los romances, 8, Reyes moros en Castilla; 9, De Rodrigo de Vivar; 14, Sobre Calahorra esta villa; 15, Muy grandes huestes de moros; 28, Llegado es el rey don Sancho; 29, Entrado ha el Cid en Zamora; 30, El Cid fué para su tierra; 56, Ese buen Cid Campeador; 57, Adofir de Mudafar; 68, Aquese famoso Cid, Con gran razón etc.; 74, En batalla temerosa; 94, Estando en Valencia el Cid; 96, Aquese famoso Cid De Vivar etc.; 101, Vencido queda el rey Búcar; 102, En Sant Pedro de Cardeña son de la colección de Sepúlveda; el 13, Celebradas ya las bodas, está fundado en otro del mismo origen. Estos romances, que han debido incluirse para completar la narración, no son sino transcripción versificada de la crónica: mas aunque ayunos de inspiración poética, agradan por lo que conservan de las antiguas narraciones. El 60, Apretada está Valencia, aunque anterior á los de Sepúlveda y más arcáico en la forma, pertenece también á la clase de los tomados directa y literalmente de la historia escrita.