que en días que yo viviere
non diré yo lo contrario,
non faciendo vos por qué
siempre se estará encelado.—
Estando en estas razones
el buen Cid había llegado,
á un moro venía siguiendo
y muerto le ha derribado.
Don Ordoño dijo al Cid:
—Señor, este yerno honrado