¡cuán lucida gente lleva!

pues alegre el sol de vellos

en las armas reverbera.

Caminan por sus jornadas,

y á la vista de Requena

detuvo la rienda el Cid,

que no quiso entrar en ella.

Acordóse en aquel punto

que allí fué la vez primera

que le llamó el sexto Alfonso