su madre que las parió,

preguntarlo he yo á su ayo,

al ayo que las crió.

Dijérame á mí el ayo:

Buen Cid, non lo fagáis, non,

que los condes son muy pobres,

y tienen gran presunción;

mas por non contradeciros,

buen rey, ficéralo yo.

Treinta días duraron las bodas,