que aunque son mi sangre, estaba
en vuesas mujeres mismas.
Con todo, vos reto, Condes,
por facer la sangre limpia;
porque el golpe del agravio
no hay miembro que no lastima.
Tenudo soy á facello
por vuesa honra y la mía;
que la mancha del honor
sólo con sangre se quita.—