por mano de aquel judío
que tan mal lo había pensado.
Cristiano se volvió luégo,
Diego Gil era llamado:
fincó en servicio de Dios
en San Pedro el ya nombrado,
y en él acabó sus días
como cualquier buen cristiano.
por mano de aquel judío
que tan mal lo había pensado.
Cristiano se volvió luégo,
Diego Gil era llamado:
fincó en servicio de Dios
en San Pedro el ya nombrado,
y en él acabó sus días
como cualquier buen cristiano.