que el Rey llevaba en la gorra,
como era ancha un gran puñado;
y á la humildosa Jimena
se le metían mil granos
por la marquesota al cuello,
y el rey se los va sacando.
Envidioso dijo Suero,
que lo oyera el Rey, en alto:
—Aunque es de estimar ser Rey,
estimara más ser mano.—