y que los tus enemigos
empecer no te podrían.
Morirás tú muerte honrada,
tu persona no vencida;
tú serás el vencedor,
Dios su bendición te envía.—
En diciendo estas palabras,
luégo desaparecía.
Levantóse don Rodrigo,
y de hinojos se ponía:
y que los tus enemigos
empecer no te podrían.
Morirás tú muerte honrada,
tu persona no vencida;
tú serás el vencedor,
Dios su bendición te envía.—
En diciendo estas palabras,
luégo desaparecía.
Levantóse don Rodrigo,
y de hinojos se ponía: