Ximénez asegura "que era una señal de grandeza el sufrir de esa dolencia, en razón de ser un signo inequívoco de más poder para la unión sexsual con muchas mujeres, de donde se suele contraer, cosa que la gente vulgar y ordinaria no podia conseguir, ya por falta de medios, ya por prohibirlo la legislación de estos países, que sólo permitía poseer lícitamente á las mujeres que cómodamente se podiera mantener." Ello sucedió que más de veinte reyezuelos murieron de aquella plaga, que comenzó primero en Ixinché (hoy Tecpán Guatemala) y después se propagó por otras partes.
Sabido es que en el siglo XV hizo la sífilis tales estragos en Europa, que desbastó á Roma y á muchas otras ciudades importantes, creyéndose después, por unos, que de allá había venido á América, y sosteniendo otros que de aquí se había llevado al Viejo Mundo. La verdad está hoy demostrada, en el sentido de que tan fatal azote es común al género humano, desde tiempos remotísimos[96]. La peste del año 1520 y las viruelas en 1521, acabaron con una parte de los indios de este suelo centro-americano, que sufrieron terriblemente en aquella época, cuatro años antes de la conquista española. Así y todo, estaban tales países cuando vino á ellos Alvarado, atravesando el Soconusco, muy ricos y bastante civilizados.
Es por extremo curioso contemplar el adelanto de los indios en algunos ramos. Esmaltaban admirablemente los metales y tallaban, con arte sin igual, las piedras preciosas. Eran magníficas las joyas que Hernán Cortés llevó de estas regiones á su segunda esposa, consistentes en esmeraldas, amatistes, carolinas, turquesas y ópalos. No conocían los aborígenes el hierro, y se servían de utensilios de piedra dura ó de una mezcla de cobre y estaño, que templaban tan bien, como hoy se templa el acero. Lucían en los palacios, sacrificatorios y edificios públicos, el jaspe, el mármol, el pórfido, el alabastro y la obisidiana. De esta última, hacían espejos pulidos, con marcos de oro, y fabricaban también cuchillos, semejantes en el filo á una navaja de barba[97]. Las obras de oro y plata que Carlos V recibió de Cortés llenaron de admiración á los artístas de España, Francia é Italia, que las declararon inimitables[98]. Fabricaban los indios quichés y cakchiqueles unos tisues finísimos. No conocían ni la lana, ni la seda ordinaria. Tejían con algodón y hacían preciosísimas telas de plumas y de pelo de liebre ó de conejo. Para los géneros fuertes usaban plantas textiles diversas[99]. Entre los trabajos en que sobresalían los indios, no deben olvidarse los mosaicos de plumas bellas y lucientes, que tanto ruido hicieron entre los monarcas de Europa, que se los disputaron. Pintaban grotescas figuras, con colores que extraían de las plantas, árboles, conchas, flores y minerales. Su arquitectura era sólida, pesada y baja casi siempre, como para contrarrestar los temblores de tierra.
Tenían los indios de Guatemala importantes remedios para muchas enfermedades que conocían y curaban. "El bálsamo (Myroxilon Sonnatense) impropiamente llamado del Perú, que se recoje entre Acajutla y río Comalapa (costa del Bálsamo) se usaba mucho por los aborígenes, quienes lo vendían á los españoles al precio de doscientos cuarenta reales una botija perulera." La raíz del mechoacán, que los farmacéuticos denominan con el nombre de jalapa, la empleaban los indios, y hoy se usa generalmente como purgante. El ruibarbo, específico contra la bilis, se conoció también desde remotos tiempos. "En 1535 se introdujo en la materia médica europea el uso de la zarzaparría (mecacpactli) de la que dice el inca Garcilaso de la Vega[100] "no tiene necesidad de que nadie la loe, pues basta para su loor las azañas que en el mundo viejo y nuevo ha hecho y hace contra las Bubas y otras graves enfermedades". Lo mismo asegura este autor de la coca, ó cura que empleaban en lociones par las úlceras venéreas.
Sahagun nos transmite[101] el modo que los antiguos mejicanos tenían para curar las Bubas, é indica los medios para combatirlas. Recomienda el uso interno de la yerba llamada por aquellos Tletlemoitl, de la Tletlequetzal, y las limaduras de cobre sobre las úlceras y pústulas venéreas.
En Guatemala usaban también remedios tan sencillos como eficaces para la curación de las Bubas, á las que, como se ha dicho, daban nombres particulares, según su estado y tamaño.
Desgraciadamente aquí, como en toda la América española,[102] y aún en Europa, por motivos particulares y altamente interesados, se propagó por los primitivos conquistadores y sus inmediatos descendientes, la absurda idea de que los indígenas eran poco más ó menos que unas bestias. En consecuencia se holló su raza, se despreció y aniquiló su primitiva civilización..... Se pisotearon, quemaron y echaron al viento las pabezas de sus secretos preciosos antes de darles una sola mirada. Los quichés y los cakchiqueles, los inmediatos descendientes de la ilustre raza tolteca[103] fundadora de la primitiva civilización mejicana, fueron vistos en Guatemala, en esta parte de la América, con el mayor desprecio, con la más alta altanería. Hasta estos últimos tiempos, por una inconsecuencia de que apenas el entendimiento puede darse razón, la clase que llamamos ilustrada, usa aún con misterio de aquellos medicamentos nagualísticos de los indios, que á los principios había desechado, dándoles después un valor supersticioso. También es cierto que en todo el mundo pasa esto mismo, y el vulgo siempre gusta de medicinas raras y caprichosas para las enfermedades que menos conoce, y en ésto está fundado el imperio del charlatanismo.
La América, después de su descubrimiento, suministró á la materia médica europea medicamentos preciosos, y con especialidad una multitud de drogas de que tanto necesitaban los conquistadores para la curación de la sífilis; que según se ha visto, era la enfermedad en su época.
Los indios de Méjico y de Guatemala[104] además del guayacán, de la zarzaparrilla, etc., tenían y aún tienen recursos secretos para la curación de aquella y otras muchas enfermedades. Es cierto que ellos son en general los que menos molestan á los médicos españoles por aquellas razones, y porque son generalmente más sanos, infinitamente más sufridos, de una sensibilidad más obtusa, de un carácter más concentrado, de un modo de vivir más simple y natural, y por consiguiente mucho menos propensos á las enfermedades. Si no se les hubiese perjudicado por tantos años consecutivos, si no se les hubiese tratado tan mal como se ha dicho, poseeríamos hoy sus secretos preciosos, los de su primitiva civilización, casi aniquilada, y las razas no hubieran menguado, tanto por el mal tratamiento, que es lo que más desmoraliza, y los vicios á que dá lugar, como por la incuria gubernativa. La embriaguez en que el despecho los sumergió[105] y después los vicios, hijos suyos, han puesto esta raza al borde de su ruina, ruina común para las otras castas europeas, que se lamentan extemporáneamente de la falta de población, que con nada puede aquí suplirse, para todas las empresas agrícolas é industriales.
Tomaban en otro tiempo los indios, según refieren sus antiguas tradiciones y manuscritos, píldoras hechas con la carne palpitante de las lagartijas, que ellos llaman Cuetzpalin (Lacerta terrestris), á las que reputaban como un específico para la curación del cáncer, la lepra y el mal venéreo,[106] así como en otras épocas lo hacían los europeos con las víboras, á las que reputaban también como un antivenéreo.[107]