No hay que olvidar, en todo caso, que los monarcas españoles, hasta el hechizado Carlos II, todos se inspiraron en el deseo de que se tratara bien á los indios; mientras que el interés de los conquistadores; la codicia de los emigrantes de España; el espíritu de enriquecerse, primero por aventuras y después por encomiendas; la distancia de la metrópoli; lo largo y dispendioso de los trámites—todo ahogaba en la América hispana el propósito laudable que doña Isabel la Católica y sus regios sucesores, en favor de los naturales del Nuevo Mundo tuvieron.


CAPITULO CUARTO
Vejaciones á los indios en Guatemala, y notable disminución de ellos en toda la América española

SUMARIO

Los indios eran tratados como esclavos.—Sistema que se adoptó en Guatemala, desde un principio, para la formación de poblaciones indígenas.—Pueblos que desaparecieron.—Relación que hace Remesal de cómo se despoblaban los asientos de los indios.—El P. Las Casas narra peculiaridades referentes á Guatemala, San Salvador, Honduras y Nicaragua.—A mediados del siglo XVI mudóse la naturaleza de las encomiendas en el reino de Guatemala.—Real Cédula de 27 de Mayo de 1582, dirigida al Presidente y Oidores de Guatemala, haciéndoles cargo de los malos tratamientos que sufrían los indios.—Informe estadístico del partido de Suchitepéquez de 20 de Mayo de 1814.—Queda diezmada la población indígena.—Resultado funesto de las Misiones.


Por más que, la atroz codicia y la inclemente saña de los conquistadores españoles hubiese sido crimen del tiempo y no de la metrópoli, como dice el poeta clásico, no se puede desconocer que á los desgraciados indios se les trató con suma crueldad, marcándolos á veces con hierros candentes, convirtiéndolos en esclavos, martirizándolos sin conmiseración y haciéndoles, en fin, odiosa la existencia.[156]

Por lo que á Guatemala concierne, el sistema que se adoptó desde un principio para la formación de las poblaciones indígenas, no pudo inducir otra cosa que el desamparo y desocupación de sus labores; porque, como escribe el arzobispo Peláez, reduciéndose á un pueblo, no los caseríos de las estancias, sino pueblos enteros, acumulándose para formar uno solo, y habiéndose de dar un solo egido á este último, todos los demás habían de perder su territorio y pertenencias comunes y particulares. Así es que cinco pueblos grandes y otros tantos pequeños, que formaron Chichicastenango, tenían cinco y diez egidos y entraron á tener uno solo: once pueblos principales y otros tantos accesorios que formaron el de Sacapulas, y disfrutaban veintidós egidos, no tuvieron en adelante más que uno. Nebah, que se compone de diez y seis pueblos mayores y otros tantos menores, y había de tener treinta y dos porciones de egidos, no tiene sino uno. Lo mismo Amatitlán, cuyos seis pueblos debieron poseer seis egidos, quedó reducido á uno, dentro los egidos de la capital; y por este tenor es de discurrir de los otros pueblos. Por lo cual no es de extrañar desapareciese entonces el pueblo de Ucubil, en que, según relación de Juarros, se acamparon las huestes castellanas y sacatepéquez, como tampoco parecieron más los pueblos de Samastepeque é Inestiquixa en el mismo valle, y en las inmediaciones de Escuintla los de Guacacapa, Chialchitán, Malacatepeque y Marma, que se mencionan en actas de los años de 41 y 42 Humboldt, en el Ens., lib. 2, cap. 6, lamentando lo deplorable que la conquista hizo el estado de los indígenas, escribe: toda propiedad india, fuese mueble ó raíz, era mirada como perteneciente al vencedor; y esta máxima atroz llegó á ser sancionada por una ley, la cual concede á los indígenas una pequeña porción de terreno al rededor de las iglesias nuevamente construídas.