Los asilos de maternidad, en los que al propio tiempo que se establezcan enseñanzas adecuadas para párvulos, se alivie á las madres, siquiera durante las horas del trabajo material, del cuidado de sus hijos; los hospitales para enfermos desvalidos, regentados por Hermanas de la Caridad, no sólo mitigarían en esos pueblos de aborígenes incultos, las necesidades impuestas por la desgracia y la pobreza, sino que á la vez serían medios eficaces de suavizar las costumbres y morigerar á aquellos desgraciados.
¡Hágase un esfuerzo en pro de los indios, y se mejorará su condición. Querer es poder!
La instrucción primaria debe ser obligatoria entre los indios; pero cuidando de que no pasen de tres las horas de escuela, á fin de que no impidan á los indizuelos dedicarse á ayudar á sus padres en el campo ó en las faenas de la casa. No hay que contrariar al indio, que quiere que sus hijos se acostumbren desde niños al trabajo material, para que después no se les haga insoportable, ni deben sobrecargarse los ramos de enseñanza, sino limitarse á lo más necesario.
Se puede obligar á los indios á mandar á sus hijos á las escuelas, imponiendo penas á los que no lo hagan, y exonerando además, de la contribución, al que compruebe que va durante dos horas á la escuela nocturna de primeras letras, ó tiene dos hijos por lo menos en las escuelas diurnas. Las nocturnas serán para adultos.
Es indispensable crear una Escuela Normal para maestros indígenas, en donde aprendan bien castellano y los ramos de la enseñanza que deben impartir á los de su raza. Con elementos asimilables es como mejor se hace cundir la civilización. Sería muy conveniente establecer Escuelas Rurales de primeras letras en los caseríos aislados, y Escuelas de Agricultura en los principales departamentos.
V
El vicio más dominante entre la raza indígena es el de la embriaguez. Este vicio embrutecedor es la quinta causa que influye muy particularmente en el abandono y estulticia en que se hallan los descendientes de los primitivos pobladores del suelo americano. Basta visitar, por modo rápido, algunos pueblos de indios para persuadirse de que la chicha y el aguardiente son elementos de destrucción, de pobreza y abatimiento para los desgraciados aborígenes. Desde el tiempo en que el famoso Solórzano y Pereira escribió la Política Indiana[204] notábase que la borrachera érales á los indios tan dañosa, que podía asegurarse que más habían muerto del abuso de los licores que de las guerras y las pestes. Acosta, Herrera y Garcilaso refieren las clases de bebidas que usaban, y explican también lo propensos que son los indios á embriagarse.[205] El Concilio Limense II y muchas cédulas reales, prescribieron que cuidasen las autoridades de impedir las borracheras de los indios, dejando que, durante los días de fiesta se recreasen en diversiones honestas; pero todo eso se quedaba escrito, porque lo mismo entonces que después, esos infelices han consumido el fruto de su trabajo y sus enervadas fuerzas en la chicha y el aguardiente.[206].
Los propios indios comprenden cuan perjudicial es para ellos semejante vicio, y ha habido pueblos, como el de Nahualá y el de Santa Catarina, que solicitaron, mucho tiempo hace, pagar una cuota á la hacienda pública, con tal de que no hubiera ningún estanquillo dentro de su población. El indio que llegaba ebrio, sufría veinticinco azotes, en cuanto le pasaba la beodez.
El mal depende de que siendo la renta de licores una de las más pingües del erario nacional, están interesadas las mismas autoridades en que haya mucho consumo de licores, y no persiguen tanto como debieran la embriaguez. Mientras más cunda el vicio, más crece la renta, y más aumenta la desmoralización y la vagancia, y más enfermedades resultan, y más se deterioran las razas, y más disminuye la población, y más se amengua la riqueza pública. Esta es una verdad palmaria. Si no se pone remedio á semejante plaga, las consecuencias serán funestísimas.
Estúdiese la estadística criminal, y se verá que un setenta y cinco por ciento delinque en estado de embriaguez, y que es muy raro que los indios cometan un crimen, á no ser impulsados por el licor.[207] Están, pues, interesadas la moral, la economía política y la higiene pública, en perseguir semejante vicio. No cabe civilización, ni progreso, ni nada, en donde el pobre campesino y el fatigado industrial consumen sus ahorros en acrecentar la renta de licores embriagantes. El termómetro más exacto del mal estado de un pueblo, es el rápido y crecido desarrollo de esa renta, amasada con lágrimas y crímenes, consecuencia ineludible del aumento de la embriaguez. A cada paso, en la aldea más miserable, en el cortijo más remoto, se encuentra la chichería y el estanquillo, en donde debiera estar la escuela pública, la granja modelo, la caja de ahorros, el hospital, la casa de huérfanos, el asilo maternal, y tántos otros establecimientos que civilizan, y mitigan los odios y celos de las clases proletarias contra las acomodadas y ricas. Si la Caridad y la Filantropía se ostentaran ahí, en vez de Baco y Venus, cuán diferente fuera la suerte de nuestros pueblos.[208]