—¡Pues vamos allá!

II

Joselete palmoteó:

—¡Chico!... ¡Vino!—Y como el camarero, previniendo el objeto de la llamada, entrase trayendo en una bandeja de zinc dos botellas de Agustín Blázquez y algunos chatos y empezase a romper los lacres trabajosamente para descorchar, el torero se la arrancó de las manos:

—¡Esto se jace así!

Formó un anillo con los dedos, y, girando rápidamente la botella, saltó el lacre.

Nieves, encantada de todo aquello, conceptuándolo muy castizo, muy típico y hasta muy chic, palmoteó:

—¡Bravo! ¡Bravo!

La Ansiosa, sin hacer caso de los demás, prisionera por completo de su nuevo amor, inclinose hacia Jimmi, descansando sobre el brazo del Pierrot la enorme mole de sus ubres bovinas:

—¡Chaval! ¡Gitano! ¡Que te voy a querer!...—Y en el rostro enharinado de luna llena, los ojos grandes y salientes, voltearon voluptuosos.