"Permitidme, Señor, fixar una cruz de Christo delante de esas imágenes del demonio, y veréis si merecen adoracion ó menosprecio."

Enfurecieronse los sacerdotes al oir esta proposicion: y Motezuma quedó confuso y mortificado, faltándole á un tiempo la paciencia para sufrirlo, y la resolucion para enojarse; pero tomando partido con su primera turbacion, y procurando que no quedáse mal su hipocresía:

"Pudierais (dixo á los Españoles) conceder á este lugar las atenciones, por lo ménos, que debeis á mi persona."

Y salió del adoratorio para que le siguiesen; pero se detuvo en el atrio, y prosiguió diciendo algo mas reportado:

"Bien podeis, amigos, volveros á vuestro alojamiento; que yo me quedo á pedir perdon á mis Dioses de lo mucho que os he sufrido."

Notable salida del empeño en que se hallaba, y pocas palabras dignas de reparo, que dieron á entender su resolucion, y lo que se reprimia para no destemplarse.

Con esta experiencia, y otras que se hicieron del mismo género, resolvió Cortés, siguiendo el parecer del Padre Fray Bartolomé de Olmedo y del Licenciado Juan Diaz, que no se le habláse mas por entónces en la religion, porque solo servia de irritarle y endurecerle. Pero al mismo tiempo se consiguió fácilmente su licencia para que los Christianos diesen culto público á su Dios; y él mismo envió sus alarífes para que se le fabricáse templo á su costa como le pidiese Cortés. ¡Tanto deseaba que le dexasen descansar en su error! Desembarazóse luego uno de los salones principales de aquel palacio donde habitaban los Españoles: y blanqueándole de nuevo, se levantó el altar, y en su frontispicio se colocó una imágen de Nuestra Señora sobre algunas gradas, que se adornaron vistosamente: y fixando una cruz grande cerca de la puerta, quedó formada una capilla muy decente, donde se celebraba Misa todos los dias, se rezaba el Rosario, y hacian otros actos de piedad y devocion, asistiendo algunas veces Motezuma con los príncipes y ministros que andaban á su lado: entre los quales se alababa mucho la mansedumbre de aquellos sacrificios, sin conocer la inhumanidad y malicia de los suyos. Gente ciega y supersticiosa, que palpaba las tinieblas, y se defendia de la razon con la costumbre.

Pero ántes de referir los sucesos de aquella corte, nos llama su descripcion, la grandeza de sus edificios, su forma de gobierno y policia, con otras noticias que son convenientes para la inteligencia ó concepto de los mismos sucesos. Desvíos de la narracion, necesarios en la historia, como no sean peregrinos del argumento, y carezcan de otros lunares que hacen viciosa la digresion.


CAPITULO XIII.