Los templos (si es lícito darles este nombre) se levantaban suntuosamente sobre los demas edificios: y el mayor, donde residia la suma dignidad de aquellos inmundos sacerdotes, estaba dedicado al ídolo Viztzilipuztli, que en su lengua significaba Dios de la guerra, y le tenian por el supremo de sus Dioses: primacía de que se infiere quánto se preciaba de militar aquella nacion. El vulgo de los soldados Españoles le llamaba Hachilobos, tropezando en la pronunciacion: y así le nombra Bernal Diaz del Castillo, hallando en la pluma la misma dificultad. Notablemente discuerdan los autores en la descripcion de este soberbio edificio. Antonio de Herrera se conforma demasiado con Francisco Lopez de Gómara: los que le vieron entónces tenian otras cosas en el cuidado, y los demas tiraron las líneas á la voluntad de su consideracion. Seguimos al Padre Josef de Acosta, y á otros autores de los mejor informados.
Su primera mansion era una gran plaza en quadro, con su muralla de sillería, labrada por la parte de afuera con diferentes lazos de culebras encadenadas, que daban horror al pórtico, y estaban allí con alguna propiedad. Poco ántes de llegar á la puerta principal estaba un humilladero no ménos horroroso. Era de piedra con treinta gradas de lo mismo que subian á lo alto, donde habia un género de azotea prolongada, y fixos en ella muchos troncos de crecidos árboles puestos en hilera: tenian estos sus taladros iguales á poca distancia, y por ellos pasaban de un arbol á otro diferentes varas, ensartando cada una por las sienes algunas calaveras de hombres sacrificados, cuyo número, que no se puede referir sin escándalo, tenian siempre cabal los ministros del templo, renovando las que padecian algun destrozo con el tiempo. Lastimoso trofeo, en que manifestaba su rencor el enemigo del hombre: y aquellos bárbaros le tenian á la vista sin algun remordimiento de la naturaleza, hecha devocion la inhumanidad, y desaprovechada en la costumbre de los ojos la memoria de la muerte.
Tenia la plaza quatro puertas correspondientes en sus quatro lienzos que miraban á los quatro vientos principales. En lo alto de las portadas habia quatro estátuas de piedra, que señalaban el camino, como despidiendo á los que se acercaban mal dispuestos: y tenian su presuncion de Dioses liminares, porque recibian algunas reverencias á la entrada. Por la parte interior de la muralla estaban las habitaciones de los sacerdotes y dependientes de su ministerio, con algunas oficinas que corrian todo el ámbito de la plaza sin ofender el quadro, dexándola tan capaz, que solian baylar en ella ocho y diez mil personas quando se juntaban á celebrar sus festividades.
Ocupaba el centro de esta plaza, una gran máquina de piedra, que á cielo descubierto se levantaba sobre las torres de la ciudad, creciendo en diminucion hasta formar una media pirámide, los tres lados pendientes, y en el otro labrada la escalera: edificio suntuoso y de buenas medidas, tan alto que tenia ciento y veinte gradas la escalera, y tan corpulento que terminaba en un plano de quarenta pies en quadro, cuyo pavimento enlosado primorosamente de varios jaspes guarnecia por todas partes un pretil con sus almenas retorcidas á manera de caracoles, formado por ambas hazes de unas piedras negras semejantes al azabache, puestas con órden, y unidas con betunes blancos y roxos que adornaban mucho el edificio.
Sobre la division del pretil, donde terminaba la escalera, estaban dos estátuas de marmol, que sustentaban, imitando bien la fuerza de los brazos, unos grandes candeleros de hechura extraordinaria: mas adelante una losa verde, que se levantaba cinco palmos del suelo, y remataba en esquina, donde afirmaban por las espaldas al miserable que habian de sacrificar, para sacarle por los pechos el corazon. Y en la frente una capilla de mejor fábrica y materia, cubierta por lo alto con su techumbre de maderas preciosas, donde tenian el ídolo sobre un altar muy alto, y detras de cortinas. Era de figura humana, y estaba sentado en una silla con apariencias de trono, fundada sobre un globo azul que llamaban cielo, de cuyos lados salian quatro varas con cabezas de sierpes, á que aplicaban los hombros para conducirle quando le manifestaban al pueblo. Tenia sobre la cabeza un penacho de plumas varias en forma de páxaro con el pico y la cresta de oro bruñido; el rostro de horrible severidad, y mas afeado con dos faxas azules, una sobre la frente, y otra sobre la nariz. En la mano derecha una culebra ondeada que le servia de baston, y en la izquierda quatro saetas, que veneraban como traidas del Cielo, y una rodela con cinco plumages blancos puestos en cruz, sobre cuyos adornos, y la significacion de aquellas insignias y colores decian notables desvaríos con lastimosa ponderacion.
Al lado siniestro de esta capilla estaba otra de la misma hechura y tamaño con un ídolo que llamaban Tlaloch, en todo semejante á su compañero. Tenianlos por hermanos, y tan amigos, que dividian entre sí los patrocinios de la guerra: iguales en el poder, y uniformes en la voluntad: por cuya razon acudian á entrambos con una víctima y un ruego, y les daban las gracias de los sucesos, teniendo en equilibrio la devocion.
El ornato de ambas capillas era de inestimable valor, colgadas las paredes, y cubiertos los altares de joyas y piedras preciosas puestas sobre plumas de colores. Y habia de este género y opulencia ocho templos en aquella ciudad, siendo los menores mas de dos mil, donde se adoraban otros tantos ídolos diferentes en el nombre, figura y advocacion. Apénas habia calle sin su Dios tutelar; ni se conocia calamidad entre las pensiones de la naturaleza que no tuviese altar donde acudir por el remedio. Ellos se fingian y fabricaban sus Dioses de su mismo temor, sin conocer que enflaquecian el poder de los unos con lo que fiaban de los otros: y el demonio ensanchaba su dominio por instantes, violentísimo tirano de aquellos racionales, y en pacífica posesion de tantos siglos. ¡O permisiones inescrutables del Altísimo!