Fué muy señalada esta victoria, pero igualmente costosa: porque Juan de Escalante quedó herido mortalmente con otros siete soldados, de los quales se llevaron los Indios á Juan de Arguello, natural de Leon, hombre muy corpulento y de grandes fuerzas, que cayó peleando valerosamente á tiempo que no pudo ser socorrido: y los demas murieron de las heridas en la Vera Cruz dentro de tres dias.
De cuya pérdida con todas sus circunstancias daba cuenta el Ayuntamiento en aquella carta, para que se nombráse sucesor á Juan de Escalante, y se tuviese noticia del estado en que se hallaban. Leyóla Cortés con el desconsuelo que pedia semejante novedad. Comunicó el caso á sus Capitanes; y sin ponderar entónces sus conseqüencias, ni manifestarles todo su cuidado, les pidió que discurriesen la materia, y se la dexasen discurrir, encomendando á Dios la resolucion que se hubiese de tomar: lo qual encargó muy particularmente al Padre Fray Bartolomé de Olmedo, y á todos el secreto, porque no corriese la voz entre los soldados, y en negocio de tanta importancia se diese lugar á dictámenes vulgares.
Retiróse despues á su aposento, y dexó correr la consideracion por todos los inconvenientes que podian resultar de aquella desgracia. Entraba y salia con dudosa eleccion en los caminos que le ofrecia su discurso: cuya viveza misma le fatigaba, dándole á un tiempo los remedios y las dificultades. Dicen que se anduvo paseando gran parte de la noche, y que descubrió entónces una pieza recien tabicada, en que tenia Motezuma las riquezas de su padre (y aquí las refieren por menor) y que habiéndolas reconocido, mandó cerrar el tabique, sin permitir que se tocáse á ellas. No nos detengamos en esta digresion de su cuidado, que no debió de ser larga, pues hizo lugar á otras diligencias, para tomar punto fixo en la resolucion que andaba madurando.
Mandó llamar reservadamente á los Indios mas capaces y confidentes de su exército; preguntóles:
"Si habian reconocido alguna novedad en los ánimos de los Mexicanos, y como corria entre aquella gente la estimacion de los Españoles. Respondieron: que lo comun del pueblo estaba divertido con sus fiestas, y los veneraba por verlos aplaudidos de su Rey; pero que los nobles andaban ya pensativos y misteriosos, que se hablaban en secreto, y se dexaba conocer el recato en sus corrillos."
Tenian observadas algunas medias palabras de sospechosa interpretacion: y una de ellas fué: Que sería fácil romper los puentes, con otras de este género, que juntas decian lo bastante para el rezelo. Dos ó tres de aquellos Indios habian oido decir, que pocos dias ántes truxeron de presente á Motezuma la cabeza de un Español, y que la mandó esconder y retirar, despues de haberla mirado con asombro, por ser muy fiera y desmesurada: señas que convenian con la de Juan de Arguello; y novedad que puso á Cortés en mayor cuidado, por el indicio de que hubiese cooperado Motezuma en la faccion de su General.
Con estas noticias, y lo que llevaba discurrido en ellas, se encerró al amanecer con sus Capitanes, y con algunos de los soldados principales que solian concurrir á las juntas por su calidad ó entendimiento. Propusoles el caso con todas sus circunstancias: refirió lo que le habian advertido aquella noche los Indios confidentes: ponderó sin desaliento las contingencias de que se hallaban amenazados: tocó con espíritu las dificultades que podian ocurrir: y sin manifestar la inclinacion de su dictámen, calló, para que hablasen los demas. Hubo diversos pareceres; unos querian que se pidiese pasaporte á Motezuma, y se acudiese luego al riesgo de la Vera Cruz: otros dificultaban la retirada, y se inclinaban á salir ocultamente, sin dexarse olvidadas las riquezas que habian adquirido: los mas fueron de sentir que convenia perseverar, sin darse por entendidos del suceso de la Vera Cruz, hasta sacar algunos partidos para retirarse. Pero Hernan Cortés, recogiendo lo que venia discurrido, y alabando el zelo con que deseaban todos el acierto, dixo:
"Que no se conformaba con el medio propuesto de pedir pasaporte á Motezuma; porque habiéndose abierto el camino con las armas para entrar en su corte, á pesar de su repugnancia, caerian mucho del concepto en que los tenia, si llegáse á entender que necesitaban de su favor para retirarse: que si estaba de mal ánimo, podria concederles el pasaporte para deshacerlos en la retirada; y si le negase, quedaban obligados á salir contra su voluntad, entrando en el peligro, descubierta la flaqueza. Que le agradaba ménos la resolucion de salir ocultamente, porque sería ponerse de una vez en términos de fugitivos, y Motezuma podria con gran facilidad cortarles el paso, adelantando por sus correos la noticia de su marcha. Que, á su parecer, no era conveniente por entónces la retirada; porque, de qualquiera suerte que la intentasen, volverian sin reputacion: y perdiendo los amigos y confederados que se mantenian con ella, se hallarian despues sin un palmo de tierra donde poner los pies con seguridad. Por cuyas consideraciones (dixo) soy de sentir que se apartan ménos de la razon los que se inclinan á que perseveremos sin hacer novedad hasta salir con honra, y ver lo que dan de sí nuestras esperanzas. Ambas resoluciones son igualmente aventuradas; pero no igualmente pundonorosas: y sería infelicidad indigna de Españoles morir por eleccion en el peligro mas desayrado. Yo no pongo duda en que nos debemos mantener: el modo con que se ha de conseguir es en lo que mas se detiene mi cuidado. Vienense á los ojos estos principios de rumor que se han reconocido entre los Mexicanos. El suceso de la Vera Cruz, executado con las armas de su nacion, pide nuevas consideraciones al discurso. La cabeza de Arguello, presentada en lisonja de Motezuma, es indicio de que supo ántes la faccion de su General: y su mismo silencio nos está diciendo lo que debemos rezelar de su intencion. Pero á vista de todo me parece que, para mantenernos en esta ciudad ménos aventurados, es necesario que pensemos en algun hecho grande, que asombre de nuevo á sus moradores, resarciendo lo que se hubiere perdido en su estimacion con estos accidentes. Para cuyo efecto, despues de haber discurrido en otras hazañas de mas ruido que substancia, tengo por conveniente que nos apoderemos de Motezuma, trayéndole preso á nuestro quartel: resolucion que, á mi entender, los ha de atemorizar y reprimir, dándonos disposicion para que podamos capitular despues con Rey y vasallos lo que mas conviniere á nuestro Príncipe y á nuestra seguridad. El pretexto de la prision, si yo no discurro mal, ha de ser la muerte de Arguello que ha llegado á su noticia, y el rompimiento de la paz cometido por su General: de cuyas dos ofensas debemos darnos por entendidos, y pedir satisfaccion, porque no conviene suponer una ignorancia de lo que saben ellos, quando estan creyendo que lo alcanzamos todo; y éste y los demas engaños de su imaginacion se deben por lo ménos tolerar como parciales de nuestra osadía. Bien reconozco las dificultades y contingencias de tan ardua resolucion; pero las grandes hazañas son hijas de los grandes peligros: y Dios nos ha de favorecer, que son muchas las maravillas (y pudiera decir milagros evidentes) con que se ha declarado por nosotros en esta jornada, para que no miremos ahora como inspiracion suya nuestra perseverancia. Su causa es la primera razon de nuestros intentos; y yo no he de creer que nos ha traido en hombros de su providencia extraordinaria para introducirnos en el empeño, y dexarnos con nuestra flaqueza en la mayor necesidad."
Dilatóse con tanta energía en esta piadosa consideracion, que comunicó á los corazones de todos el vigor de su ánimo, y se reduxeron al mismo dictámen, primero los Capitanes Juan Velazquez de Leon, Diego de Ordaz, Gonzalo de Sandoval; y despues alabaron todos el discurso de su Capitan, hallando, al parecer, lo eficaz del remedio en lo heroyco de la resolucion: con que se disolvió la junta, quedando entónces determinada la prision de Motezuma, y remitida la disposicion de todo á la prudencia de Cortés.
Bernal Diaz del Castillo, que no pierde ocasion de introducirse á inventor de las resoluciones grandes, dice que le aconsejaron esta prision él y otros soldados algunos dias ántes que llegáse la nueva de la Vera Cruz: no convienen con él las demas relaciones, ni entónces habia causa para discurrir con tanto arrojamiento: pudiera detenerse un poco, y quedára su consejo sin la nota de inverisímil, ó sin la excepcion de intempestivo.