A que respondió Juan Velazquez desmintiéndole, y sacando la espada con tanta resolucion de castigar su atrevimiento, que trabajaron todos en reprimirle; y últimamente le instaron en que se volviese al real de Cortés, porque temieron los inconvenientes que podria ocasionar su detencion; y él lo executó luego, llevándose consigo al Padre Fray Bartolomé de Olmedo, y diciendo al partir algunas palabras poco advertidas, que hacian á su venganza, ó la trataban como decision del rompimiento.
Quedaron algunos de los Capitanes mal satisfechos de que Narbáez le dexáse volver sin ajustar el duelo de su pariente, para oirle y despacharle bien ó mal, segun lo que de nuevo representáse: á cuyo propósito decian:
"Que una persona de aquella suposicion y autoridad se debia tratar con otro género de atencion: que de su juicio y entereza no se podia creer que hubiese venido con proposiciones descaminadas, ó ménos razonables: que las puntualidades de la guerra nunca llegaban á impedir la franqueza de los oidos; ni era buena política ó buen camino de poner en cuidado al enemigo darle á entender que se temia su razon."
Discursos que pasaron de los Capitanes á los soldados con tanto conocimiento de la poca justificacion con que se procedia en aquella guerra, que Pámphilo de Narbáez necesitó, para sosegarlos, de nombrar persona que fuese á disculpar en su nombre y el de todos aquella falta de urbanidad, y á saber de Cortés á qué puntos se reducia la comision de Juan Velazquez de Leon: para cuya diligencia eligieron él y los suyos el Secretario Andres de Duero, que por ménos apasionado contra Hernan Cortés pareció á propósito para la satisfaccion de los mal contentos; y por criado de Diego Velazquez no desmereció la confianza de los que procuraban estorvar el ajustamiento.
Hernan Cortés entretanto, con las noticias que llevaron Fray Bartolomé de Olmedo y Juan Velazquez de Leon, entró en conocimiento de que habia cumplido sobradamente con las diligencias de la paz: y teniendo ya por necesario el rompimiento, movió su exército con ánimo de acercarse mas y ocupar algun puesto ventajoso donde aguardar á los Chinantécas, y aconsejarse con el tiempo.
Iba continuando su marcha, quando volvieron los batidores con noticia de que venia de Zempoala el Secretario Andres de Duero: y Hernan Cortés, no sin esperanza de alguna favorable novedad, se adelantó á recibirle. Saludaronse los dos con igual demostracion de su afecto: renovaronse con los abrazos, ó se volvieron á formar los antiguos vínculos de su amistad: concurrieron al aplauso de su venida todos los Capitanes: y ántes de llegar á lo inmediato de la negociacion, le hizo Cortés algunos presentes mezclados con mayores ofertas. Detuvose hasta otro dia despues de comer: y en este tiempo se apartaron los dos á diferentes conferencias de grande intimidad. Discurrieronse algunos medios en órden á la union de ambos partidos, con deseo de hallar camino para reducir á Narbáez, cuya obstinacion era el único impedimento de la paz. Llegó Cortés á ofrecer que le dexaria la empresa de México, y se apartaria con los suyos á otras conquistas. Y Andres de Duero, viéndole tan liberal con su enemigo, le propuso que se viese con él, pareciéndole que podria conseguir de Narbáez este abocamiento, y que se vencerian mejor las dificultades con la presencia y viva voz de las partes. Dicen unos que llevaba órden para introducir esta plática: otros, que fué pensamiento de Cortés; y concuerdan todos en que se ajustaron las vistas de ambos Capitanes luego que volvió Andres de Duero á Zempoala, por cuya solicitud se hizo capitulacion auténtica, señalando la hora y el sitio donde habia de ser la conferencia: y asegurando cada uno con su palabra y su firma que saldrian al puesto señalado con solos diez compañeros, para que fuesen testigos de lo que se discurriese y ajustáse.
Pero al mismo tiempo que se disponia Hernan Cortés para dar cumplimiento por su parte á lo capitulado, le avisó de secreto Andres de Duero, que se andaba previniendo una emboscada con ánimo de prenderle ó matarle sobre seguro: cuya noticia, que se confirmó tambien por otros confidentes, le obligó á darse por entendido con Narbáez de que habia descubierto el doblez de su trato: y con el primer calor de su enojo, le escribió una carta rompiendo la capitulacion, y remitiendo á la espada su desagravio. Llevabale ciegamente á las manos de su enemigo la misma nobleza de su proceder; y acertaba mal á disculpar con los suyos aquella falta de cautela ó precipitada sinceridad con que se fiaba de Narbáez, teniendo conocida su intencion y mala voluntad: pero nadie pudo acusarle de poco advertido Capitan en esta confianza, siendo el rompimiento de la palabra en semejantes convenciones una de las malignidades que no se deben rezelar del enemigo: porque las supercherías no estan en el número de los estratagemas, ni caben estos engaños que manchan el pundonor en toda la malicia de la guerra.
CAPITULO IX.
Prosigue su marcha Hernan Cortés hasta una legua de Zempoala; sale con su exército en campaña, Pámphilo de Narbáez: sobreviene una tempestad, y se retira; con cuya noticia resuelve Cortés acometerle en su alojamiento.