Apénas se acabó de intimar el bando á las tres separaciones donde se habia retraido la gente, quando empezaron á venir tropas de Oficiales y soldados á rendirse. Iban entregando las armas como llegaban: y Cortés, sin faltar á la urbanidad ni al agasajo, hizo tambien desarmar á sus confidentes, porque no se les conociese la inclinacion, ó porque diesen exemplo á los demas. Creció tanto en breve tiempo el número de los rendidos, que fué necesario dividirlos, y asegurarlos con guardia suficiente, hasta que, saliendo el dia, se descubriesen las caras y los afectos.
Cuidó en este intermedio Gonzalo de Sandoval de que se curáse la herida de Narbáez: y Hernan Cortés, que acudia incansablemente á todas partes, y tenia en aquella su principal cuidado, se acercó á verle con algun recato, por no afligirle con su presencia; pero le descubrió el respeto de sus soldados: y Narbáez, volviéndole á mirar con semblante de hombre que no acababa de conocer su fortuna, le dixo:
"Tened en mucho, señor Capitan, la dicha que habeis conseguido en hacerme vuestro prisionero."
A que le respondió Cortés;
"De todo, amigo, se deben las gracias á Dios; pero sin género de vanidad os puedo asegurar que pongo esta victoria y vuestra prision entre las cosas menores que se han obrado en esta tierra."
Llegó entónces noticia de que se resistia con obstinacion uno de los torreones donde se habian hecho fuertes el Capitan Salvatierra y Diego Velazquez el mozo, deteniendo con su autoridad y persuasiones á los soldados que se hallaban con ellos. Volvió Cortés á subir las gradas: hizoles intimar que se rindiesen, ó serian tratados con todo el rigor de la guerra; y viéndolos resueltos á defenderse ó capitular, dispuso, no sin alguna cólera, que se disparasen al torreon dos piezas de artillería: y poco despues ordenó á los artilleros que levantasen la mira, y diesen la carga en lo alto del edificio, mas para espantar que para ofender. Así lo executaron; y no fué necesaria mayor diligencia para que saliesen muchos á pedir quartel, dexando libre la entrada de la torre, que acabó da allanar Juan Velazquez de Leon con una esquadra de los suyos, prendiendo á los Capitanes Salvatierra y Velazquez, enemigos declarados, de quien se podia temer que aspirasen á ocupar el vacío de Narbáez: con que se declaró enteramente la victoria por Cortés. Murieron de su parte solo dos soldados, y hubo algunos heridos, de los quales hay quien diga que murieron otros dos. En el exército contrario quedaron muertos quince soldados, un Alferez y un Capitan, y fué mucho mayor el número de los heridos. Narbáez y Salvatierra fueron llevados á la Vera Cruz con la guardia que pareció necesaria. Quedó prisionero de Juan Velazquez de Leon Diego Velazquez el mozo: y aunque le tenia justamente irritado con el lance de Zempoala, cuidó con particular asistencia de su cura y regalo. Generosidad, en que medió como intercesora la igualdad de la sangre, y como superior la nobleza del ánimo. Y todo esto quedó executado ántes de amanecer. ¡Notable faccion, en que se midieron por instantes los aciertos de Cortés, y los desalumbramientos de Narbáez!
Al romper del Alva llegaron los dos mil Chinantécas que se habian prevenido; y aunque vinieron despues de la victoria, celebró Cortés el socorro, teniéndole por oportuno, para que viesen los de Narbáez que no faltaban amigos que le asistiesen. Miraban aquellos pobres rendidos con vergüenza y confusion el estado en que se hallaban: dióles el dia con su ignominia en los ojos: vieron llegar este socorro, y conocieron las pocas fuerzas con que se habia conseguido la victoria: maldecian la confianza de Narbáez: acusaban su descuido: y todo cedia en mayor estimacion de Cortés, cuya vigilancia y ardimiento ponderaban con igual admiracion. Prerogativa es del valor, en la guerra particularmente, que no le aborrezcan los mismos que le envidian: pueden sentir su fortuna los perdidosos; pero nunca desagradan al vencido las hazañas del vencedor. Máxîma que se verificó en esta ocasion: porque cada uno, sin fiarse de los demas, se iba inclinando á mejorar de Capitan, y á seguir las banderas de un exército donde vencian y mendraban los soldados. Habia entre los prisioneros algunos amigos de Cortés, muchos aficionados á su valor y muchos á su liberalidad. Rompieron los amigos el velo de la disimulacion, dieron principio á sus aclamaciones, con que se declararon luego los aficionados, siguiendo á la mayor parte los demas. Permitióse que fuesen llegando á la presencia del nuevo Capitan: arrojáronse muchos á sus pies, si él no los detuviera con los brazos: dieron todos el nombre, haciendo pretension de ganar antigüedad en las listas: no hubo entre tantos uno que se quisiese volver á la Isla de Cuba: y logró con esto Hernan Cortés el principal fruto de su empresa; porque no deseaba tanto vencer, como conquistar aquellos Españoles. Fué reconociendo los ánimos, y halló en todos bastante sinceridad, pues ordenó luego que se les volviesen las armas: accion que resistieron algunos de sus Capitanes; pero no faltarian motivos á esta seguridad, siendo amigos los que mas suponian entre aquella gente, y estando allí los Chinantécas, que aseguraban su partido. Conocieron ellos el favor que recibian: aplaudieron esta confianza con nuevas aclamaciones; y él se halló en breves horas con un exército que pasaba ya de mil Españoles, presos los enemigos de quien se podia rezelar, con una armada de once navios y siete bergantines á su disposicion, deshecho el último esfuerzo de Velazquez, y con fuerzas proporcionadas para volver á la conquista principal: debiéndose todo á su gran corazon, suma vigilancia y talento militar; y no ménos al valor de sus soldados, que abrazaron primero con el ánimo una resolucion tan peligrosa; y despues con la espada y con el brio le dieron, no solamente la victoria, sino el acierto de la misma resolucion; porque al voto de los hombres, que dan ó quitan la fama, el conseguir es credito del intentar, y las mas veces se debe á los sucesos el quedar con opinion de prudentes los consejos aventurados.
CAPITULO XI.
Pone Cortés en obediencia la cabellería de Narbáez, que andaba en la campaña: recibe noticia de que habian tomado las armas los Mexicanos contra los Españoles que dexó en aquella corte: marcha luego con su exército, y entra en ella sin oposicion.