Soldado. Bastan para atacar la puerta si nos ayudan los de fuera.
Ruiz. Dices bien.
Soldado. Vamos.
Ruiz. (¿Y don Manrique?)
Soldado. ¿Temes?
Ruiz. ¡Yo!... No; pero queda mi señor todavía en el convento.
Soldado. ¡Diablo! Ya... pero es cosa de un momento; un ataque imprevisto por la espalda y por la frente[67]... después ya no corre peligro.
Ruiz. Vamos.
ESCENA VII
Leonor y Manrique