donde brota la fuente de la piedra.

En donde el agua ríe y sueña y pasa,

allí el romance del amor se cuenta.

¿No han de mirar un día, en vuestros brazos,

atónitos, el Sol de primavera,

ojos que vienen a la luz cerrados,

y que, al partirse de la vida, ciegan?

¿No beberán un día en vuestros senos

los que mañana labrarán la tierra?

¡Oh; celebrad este domingo claro,