¡Oh!, sí, conmigo vais, campos de Soria,

tardes tranquilas, montes de violeta,

alamedas del río, verde sueño

del suelo gris y de la parda tierra,

agria melancolía

de la ciudad decrépita.

¿Me habéis llegado al alma,

o acaso estabais en el fondo de ella?

¡Gentes del alto llano numantino,

que a Dios guardáis como cristianas viejas;