y garras, no tiene manos
que sepan labrar la tierra.
Así a un año de abundancia
siguió un año de pobreza.
II
En los sembrados crecieron
las amapolas sangrientas;
pudrió el tizón las espigas
de trigales y de avenas;
y garras, no tiene manos
que sepan labrar la tierra.
Así a un año de abundancia
siguió un año de pobreza.
En los sembrados crecieron
las amapolas sangrientas;
pudrió el tizón las espigas
de trigales y de avenas;