alborotando el camino.

Yo, en la tarde polvorienta,

hacia la ciudad volvía.

Sonaban los cangilones de la noria soñolienta.

Bajo las ramas obscuras, caer el agua se oía.


VII
CANTE HONDO

Yo meditaba absorto, devanando

los hilos del hastío y la tristeza,

cuando llegó a mi oído,