antes de perderse, gota

de mar, en la mar inmensa.

En sueños oyó el acento de una palabra divina;

en sueños se le ha mostrado la cruda ley diamantina

sin odio ni amor, y el frío

soplo del olvido sabe sobre un arenal de hastío.

Bajo las palmeras del oäsis, el agua buena

miró brotar de la arena;

y se abrevó entre las dulces gacelas y entre los fieros

animales carniceros...