mientras de agua clara
el cántaro llenas.
DEL CAMINO
I
Daba el reloj las doce..., y eran doce
golpes de azada en tierra...
... ¡Mi hora!...—grité. El silencio
me respondió:—No temas;
mientras de agua clara
el cántaro llenas.
Daba el reloj las doce..., y eran doce
golpes de azada en tierra...
... ¡Mi hora!...—grité. El silencio
me respondió:—No temas;