¡Ah, volver a nacer, y andar camino,

ya recobrada la perdida senda!

Y volver a sentir en nuestra mano

aquel latido de la mano buena

de nuestra madre... Y caminar en sueños,

por amor de la mano que nos lleva.


XXII

Tal vez la mano, en sueños,

del sembrador de estrellas,