Sólo con los cuadros se puede formar una galería de selectas joyas. Baste saber que entre ellos se cuentan los siguientes de eminencias españolas y extranjeras: Velázquez: Retrato de la Infantita Margarita María; Murillo: Retrato de su hijo D. Gabriel; Goya: Retratos de Doña María Teresa de Silva, Duquesa de Alba, y de Doña Tomasa Palafox y Portocarrero, Duquesa de Medina Sidonia; Beato Angélico: Madonna de la Granada; Peruggino: La Natividad; Rafael (?): Retrato de un desconocido; Tiziano: Retrato del Gran Duque de Alba Don Fernando III, y La Cena; Giorgione: Psychis; Rubens: La Vuelta del mercado; Van Dick: Retrato del Gran Condé; Rembrandt: Paisaje; Breugel de Velours: La Vanidad mundana, y otros de maestros eminentes.

No está la Biblioteca en igual proporción y riqueza de libros, si bien se cuentan entre ellos algunos códices, como el de una versión castellana de la Biblia, único que se conoce. Todos han sido ordenados y catalogados por la Duquesa, y de su puño y letra están, una por una, las papeletas del Indice.

En cambio, los documentos históricos no tienen precio, así por su calidad como por su número. Maravillan verdaderamente la variedad y la abundancia de los que ha logrado reunir la Duquesa en sus largas y penosas investigaciones, comparables únicamente con el gusto y primor con que los más importantes se hallan hoy colocados, por mano de la ilustre dama, en hermosas vitrinas, en uno de los más espaciosos y elegantes salones de la Casa. Joyas arqueológicas, entre ellas una cabeza de Minerva, única en su tipo que se conoce: lanzas, armaduras, tapices y cuadros, delicadamente repartidos y ordenados, embellecen y realzan aquel salón de vitrinas, gabinete de estudio, al par, de una de las señoras más cultas de nuestra época.

Del valor histórico de los documentos podrá juzgarse desde luego con saber que algunos, como la Escritura de cambio de un prado en San Julián, y el Fuero de Caldelas, se remontan, respectivamente, á los años 1026 y 1172 de nuestra era; que otros datan, sucesivamente, de los días de Don Pedro I, Don Juan II de Castilla, Don Enrique IV y los Reyes Católicos; y, por último, que al lado de autógrafos de personajes como Colón, Carlos V, Felipe II, el Príncipe Don Carlos, Don Juan de Austria, el Marqués de Santa Cruz, Zurita, Arias Montano y fray Luis de Granada, hay otros de extranjeros tan ilustres como Pedro Paleólogo, Emperador de Constantinopla, el Papa Pío IV, Enrique VII, Isabel de Inglaterra, María Estuardo, el Rey Don Sebastián, Catalina de Médicis, Guicciardini, Tiziano y J. J. Rousseau.

Solamente del Gran Duque de Alba pasan de 1.200 las cartas suyas entre autógrafos y originales, con otros muchos papeles anotados por su mano, y el testamento, á cuyo pie se lee su rúbrica. Y por lo que toca á América, me bastará decir que sólo los publicados en el volumen que conocemos ascienden á cincuenta y seis, entre ellos «de mano de Colón, además de las firmas de los libramientos, cuatro papeles que no pasan del año 1501. En las espaldas de todos, y encerrándolos en un cuadro, puso números de orden, que indican con cuánto método disponía sus documentos.»

Á pesar de los abultados volúmenes que la Duquesa ha publicado en poco más de un año, sólo en las vitrinas aun quedan muchos otros documentos autógrafos ó con firma autógrafa de históricos personajes y de diferentes tiempos, alternando con objetos curiosos de diversa clase y excelencia.

De estos últimos, bueno será mencionar aquí los siguientes: «Sello en lacre con retrato de Felipe II, probablemente por Pompeo Leoni; Hierro de Lanza de Carlos V; Bastón de mando de D. Fernando de Castro, Conde de Lemos (1592), que tiene los nombres de los regimientos con letras de oro; Plano iluminado, con multitud de figuras, de la batalla de Montconcourt (1569); Sellos de plomo, algunos á flor de cuño, de Alfonso X y demás Soberanos, y otros sellos de placa y de cera; Privilegios rodados, con ruedas de oro y colores, lujosísimas; Pergaminos con orlas de miniaturas finísimas de códices de los siglos XV y XVI, y Esmaltes y Miniaturas, en medallones, con retratos de inestimable valor.

En cuanto á los documentos no publicados hasta ahora, que existen en las vitrinas, he aquí una lista completa para conocimiento de los doctos: Nuño Freire de Andrade (1428); Condestable de Castilla D. Pedro (1398); Infante de Aragón Don Enrique (1441); Conde de Lemos y de Trastamara (1444); Fray Agustín Castro (Conde de Lemos), 1632; D. García Alvarez de Toledo (el de los Gelves), 1510; Alfonso Martínez, Arcipreste de Talavera (1448); Doña Germana de Foix (1516); Fernando IV; Don Pedro el Cruel; Enrique II, III y IV y la mujer de éste Doña Juana; Príncipe de Viana; Don Juan II de Castilla; Don Juan II de Aragón; Reyes Católicos (Cartas autógrafas); Felipe I y Doña Juana la Loca; Carlos V; Don Sebastián de Portugal; Pío IV; Juan Federico, Duque de Sajonia (1548); Príncipe de Orange, Guillermo de Nassau (1560); Filiberto de Saboya (1565); Juan Andrea Doria (1558); Conde de Lerín, Condestable de Navarra (1469); Suero de Quiñones; Marqués de Santillana; Conde de Lemos, D. Fernando de Castro (La lealtad de España), 1367; Cisneros; Cristóbal de Castillejo; Lupercio Leonardo de Argensola; Infante Don Alfonso, hermano de Isabel la Católica; Don Juan II y Doña Blanca de Navarra (1430); Don Fadrique, segundo Duque de Alba; D. Pedro Alvarez Osorio, Conde de Trastamara (1445); Carlos III el Noble, de Navarra (1412); Almirante D. Fadrique Enríquez (1429); Sancho Dávila; Dux de Venecia Nicolás de Ponte (1578); il Fratino, famoso ingeniero al servicio del Gran Duque de Alba; Padre Nithard; Don Antonio de Oquendo (1632); D. Rodrigo Calderón; Mazarino; Mariscal de Villars; Alfonso VIII (1172); Alfonso IX de León (1210); Fueros del Concejo de San Leonardo (1220); Bula de absolución al Duque de Alba D. Fadrique (1480), y plano del Brasil, del siglo XVI.

Tales son, en suma, los tesoros descubiertos en las investigaciones llevadas á cabo hasta ahora por la entendida Duquesa. Réstale aún por explorar no escasa parte de los archivos de la Casa. Es posible que en ésta se logren nuevos y no menos felices hallazgos. Tal vez en los papeles de los Portocarreros, Señores de Moguer, se encuentren datos preciosos para la historia del descubrimiento de América. Por desgracia, entre tantos documentos conservados no ha sido dable encontrar uno solo referente á insignes protegidos de la Casa, tales como Juan de la Encina, Lope, Calderón, Santa Teresa y el egregio autor de Don Quijote.

No hay que decir que la iniciativa, la dirección y la obra capital en la búsqueda, examen y clasificación de los documentas corresponde á la Duquesa en absoluto. Si ha tenido auxiliares en lo tocante á cuestiones lingüísticas y paleográficas, y consultores en lo que respecta á la elección de papeles, es la misma Duquesa quien ingenuamente lo declara á la cabeza de su primer libro para conocimiento de todos. Sin tales confesiones, toda persona conocedora de esta clase de trabajos lo inferiría claramente, sin amenguar por ello lo más mínimo la magnitud de la empresa acometida y ejecutada por su esclarecida autora.