Por otra parte, Lebrija no parece referirse á esos años, sino á fecha reciente, á 1492, cuando, terminado su libro, trataba de su publicación. Ahora bien: en 1492 la Reina Isabel permaneció en Granada hasta fines de Mayo. Desde entonces hasta el 10 de Agosto, en que se sabe que estaba en Barcelona, nada nos dice de su residencia en otras partes el curioso Memorial ó registro breve, de Galíndez de Carvajal, de los lugares donde el Rey y Reina Católicos estuvieron de 1468 en adelante. ¿Estuvo la Reina alguna vez en Salamanca en ese tiempo, esto es, por los meses de Junio y Julio? Es de advertir que, aunque Galíndez de Carvajal no lo consigna en su Registro, es indudable que en Junio estuvieron los Reyes en Guadalupe. ¿Estarían de igual modo en Salamanca? Aclarada esta cuestión, quedarían resueltas las demás.
En caso afirmativo, bien pueden ser interpretadas como alusivas á los futuros descubrimientos y conquistas de nuevas tierras y pueblos y naciones bárbaras las frases que examinamos, como cosa posible y esperada en días en que la Corona de Castilla había ya aceptado la empresa del gran navegante. De otro modo, no cabe ver en ellas sino referencias generales á la dilatación del imperio de España en otros pueblos y naciones, calificadas de bárbaras en el sentido de extrañas ó extranjeras.
Es de tener también en cuenta, si no como hecho probado, como verosímil al menos, que el maestro Lebrija, por sus conocimientos, no sólo en las letras clásicas, sino en otras muchas y distintas ramas del saber, así como por el alto aprecio en que era tenido, justamente, por los Reyes, el Cardenal Mendoza y otros personajes de la corte, parecía naturalmente llamado, como pocos, á ser oído y consultado en lo tocante á los fundamentos científicos de los proyectos de Colón, bien particularmente, bien en el seno de la Junta encargada de examinarlos. Y en este caso, ¿cabría contar al sabio maestro, al innovador por excelencia de aquellos tiempos en los estudios y en las ciencias, entre los que en nombre de la tradición y la rutina fueron adversarios decididos de las novedades colombinas? En manera alguna.
De todos modos, con ó sin referencias ni relaciones inmediatas con el descubrimiento del Nuevo Mundo, el libro de Lebrija venía á satisfacer una necesidad de primer orden y en los instantes más oportunos y adecuados. El imperio español tocaba ya entonces al período de su mayor grandeza, y con él la lengua española: era llegado el momento de fundar el estudio de esta lengua.
Después de cuatrocientos años, mucho de lo que dejó escrito el viejo filólogo, ó está en pie todavía, ó es de útil recuerdo y consulta. Si su tecnicismo gramatical, sus teorías en algunas cuestiones, las ortográficas especialmente, ó sus doctrinas sobre puntos históricos, bien del lenguaje en general, bien del idioma castellano, han envejecido, en cambio en materias fonéticas y sintáxicas hay no poco aprovechable, cuando no vigente, en nuestros propios días. Ya el mismo Lebrija estaba seguro de que podrían superarle los gramáticos posteriores, como superados fueron los padres de la gramática griega y latina; pero, como fundadamente escribía, «á lo menos fué aquella su gloria é será nuestra: que fuemos (fuimos) los primeros inventores de obra tan necesaria.»
Al emprender la suya, Lebrija, no sólo echó los cimientos de la Gramática española, sino también los de la Gramática moderna, introduciendo en el estudio de las lenguas romances el método gramatical que ha dominado más de tres siglos hasta el nacimiento de la Gramática histórica y comparativa. Ó en otros términos: la Gramática más antigua que se conoce de una lengua romance ó neolatina, con arreglo á las doctrinas del Renacimiento, es la Gramática de la lengua castellana, del maestro Lebrija. Los estudios gramaticales de esta clase más antiguos en Italia y Francia, todos son posteriores: en Italia Fortunio (1516) y Bembo (1525), y en Francia Palsgrave(l530), Robert Estienne (1569) y Canchie (1570). Demostré esta verdad doce años hace en mi trabajo España y la Filología principalmente neolatina, publicado en la Revista Contemporánea correspondiente á Enero de 1880, y más tarde en mi Memoria, leída primero en la Sociedad lingüística de París, que acababa de dispensarme el honor de elegirme socio de número el 19 de Febrero de 1887, y después en la Academia de Inscripciones y Bellas Letras en 4 de Marzo del mismo año, por M. d’Arbois de Jubainville. Puede leerse integra en las Mémoires de la Société de Linguistique de Paris (t. VI, págs. 176-179).
En esta última Memoria, no sólo traté de evidenciar la prioridad de Lebrija sobre los gramáticos italianos y franceses, sino de probar al propio tiempo que le pertenecía de derecho y en exclusivo la paternidad de algunas doctrinas gramaticales que corren en Francia atribuídas á escritores de este país. Y así fué reconocido por los filólogos de la nación vecina en términos honrosos para nuestra patria[3].
[3] Al dar cuenta de mi Memoria, leída en la Academia de Inscripciones y Bellas Letras por M. d’Arbois de Jubainville, escribía lo siguiente la Révue critique d’Histoire et de Littérature (14 de Mars, 1887, page 220): «M. d’Arbois de Jubainville communique une remarque due à un philologue espagnol, M. Sánchez Moguel, professeur à l’Université de Madrid. La plus ancienne grammaire qui ait eu pour objet une langue néolatine, depuis la grande rénovation des études provoqués par l’invention de l’imprimerie, est la grammaire espagnole du célèbre humaniste Lebrija. M. Sánchez Moguel a reconnu que le grammairien espagnol du XVᵉ siècle a le premier découvert, et explique le mode de formation du futur et du conditionel des langues néo-latines, composées comm’on sait, à l’aide de l’infinitif et d’un temps du verbe avoir, le présent de l’indicatif pour le futur, l’imparfait pour le conditionel.» Véase también, sobre este punto, entre otras, la Révue Archéologique de París (troisième serie.—Tome IX, p. 354).
Hoy que los españoles de ambos mundos conmemoramos unidos comunes glorias, nada más justo que consagrar un recuerdo á la memoria del viejo humanista de los tiempos de Colón y los Reyes Católicos, que, aparte de la relación que pueda tener su nombre con la empresa descubridora, en los días mismos en que el genio de Colón y el arrojo de los españoles buscaban nuevas tierras para Castilla, fundaba el estudio científico del patrio idioma, que había de ser en lo futuro el vínculo más estrecho y más firme de la indestructible fraternidad de americanos y españoles.