Y perdición total de aquesta tierra.
Decía el autor de la La Araucana, La codicia, y solamente la codicia, han repetido después, en su odio á nuestra patria, los detractores de sus glorias.
Por dicha nuestra, es la gloriosa figura del conquistador de Chile una de las que, de manera más cumplida, patentizan ante el mundo la grandeza civilizadora del descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo. No fué sólo la codicia el móvil de obra tan grande, ni la guerra el único medio que emplearon nuestros padres. Valdivia, maestre de campo; Valdivia, acomodado, no fué á Chile por pura codicia; fué por dar rienda suelta á su espíritu aventurero, religioso y patriótico; fué por encontrar un campo en que poder dar vuelo á la fuerza de acción que sentía en sí mismo. Por eso en Valdivia vale, tanto ó más que el soldado, el civilizador y colonizador, el fundador de la sociedad chilena. Díganlo, si no, las ciudades que dejó fundadas, que son hoy las más florecientes de la República chilena. Santiago, La Serena, La Concepción, La Imperial, Valdivia, Valparaíso, todas fueron erigidas por Valdivia. En ninguna otra conquista entró por menos la sed de oro ni el afán de riquezas que en la conquista de Chile. Precisamente las minas de este país casi no han sido conocidas y explotadas hasta nuestro tiempo. La población de Chile fué desde el principio de gente trabajadora y modesta, pero fuerte y valerosa. Á esto quiza deba principalmente la hoy poderosa República el fundamento sólido y venturoso de su prosperidad y de su gloria.
Y, dicho sea en su honra, de todas las nuevas naciones americanas de origen español, Chile es la que más noblemente ha conservado y honrado las memorias de sus padres. En el cerro de Santa Lucía, en Santiago, coronando la ciudad, se alza hace años la estatua de Valdivia, ejemplo que no ha tenido hasta ahora los imitadores que debiera en otros Estados. Aún no tienen estatuas en Méjico Hernán Cortés, en Lima Pizarro, en Bogotá Quesada, en Buenos Aires Garay, y así otros grandes conquistadores de pueblos y fundadores de ciudades. Lejos de mi ánimo acusar de ingratas, sino de perezosas, á las naciones que se encuentran en este caso. Estoy seguro de que no ha de tardar mucho tiempo en que todas honrarán á sus conquistadores como Chile á Valdivia.
Importa añadir que, no sólo la estatua, sino la casa y capilla de Valdivia, en Santiago, publican la gratitud de los chilenos al desventurado y glorioso conquistador. Es más: la fiesta que anualmente consagran á su memoria, no fué interrumpida ni en los días de la guerra entre Chile y España. De este modo el pueblo chileno revela bien á las claras los caracteres que distinguen á su organización social, fundada igualmente en la tradición y el progreso, y la fuerza y esplendor de su cultura, de la que puede envanecerse justamente y con Chile la patria de Almagro y de Valdivia.
GONZALO JIMÉNEZ DE QUESADA
EN LA POESÍA Y EN LA HISTORIA
El 6 de Abril de 1536, D. Pedro Fernández de Lugo, Gobernador de Santa Marta, envió á su Teniente y Justicia mayor, el Licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada, con 800 hombres, 100 caballos y 5 bergantines, Río Grande de la Magdalena arriba, «á inquirir particularmente lo que por este río la tierra adentro se pudiese calar y entender.»
El resultado de esta expedición fué el descubrimiento y conquista del territorio que Jiménez de Quesada, como granadino que era, bautizó con el nombre de Nuevo Reino de Granada, y que hoy constituye la mejor parte de la actual República de Colombia.